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Camilo Jiménez renuncia a cátedra porque sus alumnos no escriben bien

Publicado el 29/Diciembre/2011 | 00:06

Nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter, 643 amigos en Facebook

Camilo Jiménez, periodista y profesor del curso Evaluación de Textos de No Ficción de la carrera de Comunicación de la Universidad Javeriana de Bogotá, renunció a inicios de este mes luego de que sus alumnos no pudieran escribir el resumen de un texto en un párrafo y sin errores tras cuatro meses de trabajar para ello.

Así lo dio a conocer en su carta de renuncia difundida en las redes sociales y publicada por diario El Tiempo de Bogotá, en la que señala:

“No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza que pudiera pasar por literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de condensar un texto de mayor extensión, es decir, un resumen de un párrafo, en el que cada frase dijera algo significativo sobre el texto original, en el que se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito -ortografía, sintaxis- y se cuidaran las mínimas normas: claridad, economía, pertinencia”.

“El ritmo y la originalidad no eran una condición”, dice el catedrático y lamenta el resultado. “No voy a generalizar. De 30, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos en sus 20 años no pudieron, en cuatro meses, escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado… Estudiantes de Comunicación Social entre su tercer y su octavo semestres, que estudiaron 12 años en colegios privados.

“Es probable que entre cinco y 10 hubieran ido de intercambio a otro país, y que otros más conocieran una cultura distinta a la suya en algún viaje de vacaciones con la familia. Son hijos de ejecutivos que están por los 40 y 50, que tienen buenos trabajos, educación universitaria… En casa, siempre hubo un computador; puedo apostar a que al menos 20 tienen banda ancha y que la tele de casa pasa encendida más tiempo en canales por cable que en señal abierta. Tomaron más Milo que aguadepanela, comieron más lomo y ensalada que arroz con huevo. Ustedes saben a qué me refiero”, señala el desilusionado catedrático.

Y, luego de otra serie de reflexiones, agrega: “Debe ser que no advertí cuándo la atención de mis estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. El estado de Facebook. “Esos gorditos de más”, “el mensaje en el Blackberry”. Nunca he sido mamerto ni amargado ni ñoño: a los 20 años, fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates. Quería ver tetas e hice cosas de las que ahora no me enorgullezco por tocarlas. Empeñé mucho, mucho tiempo en eso. Pero leía.

No sé. En esos tiempos, lo importante, creo, era discutir, especular, quedar picados para buscar después el dato inútil. Interesaba eso: buscar.

“Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos veinteañeros alumnos míos desde el momento en que todo lo comenzó a contestar ya, ahora mismo, el doctor Google. Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición.

“Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos y la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores.

“Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis.

“Ya veremos qué pasa cuando estos veinteañeros tengan 30 y estén trabajando en editoriales, en portales y revistas. Por ahora, para mí, ha llegado el momento de retirarme. Al tiempo que sigo con mis cosas, voy a pensar en este asunto con detenimiento.

“Pongo el punto final a esta carta de renuncia con un nudo en la garganta”, concluye Jiménez. (MEVO)

Ojo con esto

“Los estudiantes de este último semestre y los de dos o tres anteriores nunca pudieron pasar del resumen”.

“No siempre fue así. Desde que empecé mi cátedra en 2002, los estudiantes tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo. Pero se lograba avanzar”.

“Lo que siento de tres o cuatro semestres para acá es más apatía y menos curiosidad. Menos proyectos personales de los estudiantes. Menos autonomía. Menos desconfianza. Menos ironía y espíritu crítico”.

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