Brechas de productividad: qué son y cómo afectan a los salarios. Por: Chiara Criscuolo, Patrick Blanchenay y Giuseppe Berlingieri trad. Teresa Woods

El paisaje corporativo se ha vuelto cada vez más desigual, con el éxito de las empresas más productivas y las menos productivas que fallan al mantener el ritmo. Esto importa no solo para el crecimiento económico, sino también para la desigualdad: nuestra investigación demuestra que, mientras aumenta la distancia que las separa en términos de productividad, las empresas también se están volviendo más desiguales en la cantidad que pagan a sus empleados.

Otras investigaciones han documentado que la brecha salarial entre empresas está contribuyendo a una creciente desigualdad de sueldos, pero nuestro trabajo hace dos aportaciones adicionales. Primero, empleamos nuevos datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que son representativos de la población de negocios al completo en 16 países. En segundo lugar, hemos podido vincularlos a la productividad de las empresas y varias medidas de las políticas del mercado laboral.

Las firmas más productivas se adelantan

Dado el número de empresas en Silicon Valley (EEUU), podría resultar tentador creer que son las empresas tecnológicas las más avanzadas en términos de productividad, quedándose rezagadasempresas en sectores más tradicionales. En una nueva investigación, demostramos que la brecha de productividad está aumentando tanto dentro de los países como dentro de los distintos sectores del mismo país. De hecho, ha aumentado la brecha entre las empresas que ocupan el 10% más alto y el 10% más bajo en términos de productividad entre 2011 y 2012.

Los datos también demuestran que, al principio de la década de 2000, esta brecha fue impulsada principalmente por las empresas de peor rendimiento que no podían mantener el ritmo de las empresas medias. Desde mediados de la década de 2000 – y especialmente en el sector de servicios – también ha sido cada vez más frecuente el caso de empresas de mayor rendimiento que están dejando atrás a las empresas medias.

 

La brecha de productividad está impulsando una brecha salarial

En el epílogo de su libro de 2003, Wage Dispersion, el premio Nobel Dale Mortensen argumentó que las diferencias de productividad podrían provocar una dispersión salarial: “¿Por qué se les paga de forma distinta a trabajadores similares? ¿Por qué pagan más algunos trabajos que otros? He apuntado a que la dispersión salarial de este tipo refleja diferencias en la productividad de los empleadores”.

Cuando más productividad significa sueldos más altos, las crecientes brechas de productividad entre empresas pueden traducirse en brechas salariales. En efecto, eso es exactamente lo que nos indican los datos.

Mientras se han ido distanciando las empresas en términos de productividad, también se han vuelto más desiguales en la manera en la que remuneran a sus trabajadores como una segunda gran divergencia. De nuevo, no solo son empresas de Silicon Valley las que pagan más que los restaurantes de comida rápida. La brecha salarial entre las empresas que ofrecen los sueldos más altos y bajos ha aumentado en más de un 12% entre 2001 y 2012. Encontramos que la desigualdad salarial ha aumentado más en la mayoría de los sectores en los que más han aumentado las diferencias de productividad. No importa únicamente el sector en el que uno trabaje y también influye para qué empresa.

Nuestros cálculos sugieren que la creciente brecha de productividad entre empresas podría explicar casi la mitad del aumento de la desigualdad salarial entre empresas del mismo sector. Parte de esto podría estar impulsado por mayores inversiones por parte de empresas altamente productivas. Pero incluso cuando dimos cuenta de la inversión, la productividad aún representó la sexta parte del aumento de la dispersión salarial. Como escribió este año Nicholas Bloom en HBR, “el motor que realmente está alimentando la desigualdad salarial es la desigualdad a nivel de empresa”.

El papel del comercio y de la TI

 

Como contó a HBR el economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EE. UU.), David Autor, a finales de 2015 tras preguntarle por las causas de la desigualdad, “hay muchas piezas en movimiento aquí. Una ha sido, claramente, la tecnología. Otra segunda [pieza] ha sido el comercio internacional. También creo que el declive de la sindicalización ha influido mucho“.

Nuestros datos confirman estas sugerencias. Primero, los sectores que han hecho un uso más amplio de las tecnologías de información han experimentado un crecimiento más fuerte en la dispersión salarial, lo que sugiere que las tecnologías de la información brindan ventajas a algunas empresas mientras que otras no logran aprovechar toda su potencial. En segundo lugar, los sectores más expuestos al comercio internacional también han experimentado una mayor divergencia salarial. De hecho, en sectores con más tecnología de la información y más comercio, las crecientes brechas de productividad se han traducido en brechas salariales aún mayores que en industrias menos expuestas a la TI y al comercio.

¿Y los mercados laborales?

 

En Capital in the Twenty-First Century, Thomas Piketty escribió que para estudiar la desigualdad salarial, “hemos de introducir otros factores, como las instituciones y reglas que gobiernan la operación del mercado laboral en cada sociedad“. Si la divergencia de productividad está vinculada con la divergencia salarial, ¿es posible que este vínculo se vea afectado por la manera en la que se organizan los mercados laborales?

Nuestra investigación estudió las políticas e instituciones del mercado laboral que podrían afectar la desigualdad salarial: el sueldo mínimo, las legislaciones de protección del empleo, la sindicalización y el grado de coordinación del proceso de negociación de sueldos (el grado al cual los sueldos son negociados a nivel de empresa o de manera centralizada a través de grandes sindicatos). Encontramos que todas estas políticas tienen la consecuencia intencionada de reducir la desigualdad.

Pero, al cambiar la facilidad con la que las empresas pueden contratar o despedir trabajadores, estas políticas afectan a cómo fluye la mano de obra hacia las mejores empresas. Esto, a su vez, afecta el vínculo entre las brechas de productividad y salarial. Por ejemplo, los aumentos del sueldo mínimo refuerzan la correlación entre las brechas salariales y de productividad con el paso del tiempo. Por otra parte, un proceso de negociación más centralizado – por ejemplo, a través del uso de acuerdos colectivos – tiende a romper el vínculo entre las brechas de productividad y salarial.

La teoría económica predice que los países que intenten proteger a los trabajadores y empresas bajo duras condiciones económicas deberían experimentar menos desigualdad, tanto en términos de sueldos como de productividad empresarial. Esto beneficia a los trabajadores, al estar más protegidos sus trabajos y sueldos. Pero lograr menos dispersiones salarial y de productividad a través de las regulaciones puede dañar inadvertidamente la productividad general de la economía al dificultar que los recursos fluyan de empresas menos productivas a empresas más productivas.

Por tanto, políticas que resultan beneficiosas a corto plazo pueden tener un impacto perjudicial a largo plazo. Las políticas que limitan la reubicación de recursos de empresas de productividad inferior a empresas más productivas pueden generar un crecimiento de productividad agregado más lento. Esto también puede tener implicaciones adversas para los propios trabajadores, al atraparlos inadvertidamente en empresas de baja remuneración en lugar de proporcionarles la oportunidad de ganar sueldos más altos en empresas más productivas.

Este es el dilema que han de resolver los responsables políticos: las brechas de productividad generan desigualdad. Las políticas públicas pueden y deben ayudar. Pero al intentar proteger a los trabajadores, las políticas pueden hacer peligrar el futuro crecimiento de productividad y las perspectivas de los trabajadores junto con él.

Tomado de:    https://hbr.es/econom/734/brechas-de-productividad-qu-son-y-c-mo-afectan-los-salarios

Las grandes economías del mundo están creciendo de nuevo Por PETER S. GOODMAN

LONDRES — Una década después de que el mundo cayera en una devastadora crisis económica, finalmente ha llegado a un punto de inflexión para una reactivación. Las principales economías del planeta se están expandiendo y una ola de crecimiento está creando empleos con lo que la suerte de las personas empieza a mejorar y se atemperaron los temores de descontento popular.

No hay una sola explicación generalizada sobre cómo el mundo por fin escapó de la recesión mundial. El impulso en Estados Unidos se debe en parte a un mayor gasto gubernamental durante el gobierno de Barack Obama y a un reciente recorte de impuestos por 1500 millones de dólares. En Europa parece que por fin se sintieron los efectos de que el banco central emitiera tanto dinero.

En términos generales, la mejora se debe menos a que se haya encontrado una nueva fuente de riqueza que al simple hecho de que muchas de las fuerzas destructivas que derribaron el crecimiento por fin se quedaron sin potencia.

La recuperación mundial dista mucho de tener un paso acelerado y los riesgos geopolíticos amenazan con acabar con ella. Muchos economistas son escépticos de que los beneficios del crecimiento vayan más allá de la clase educada, rica y políticamente conectada que ha captado la mayor parte del botín en muchos países, mientras que buena parte de la clase obrera y otros trabajadores se han quedado atrás con salarios estancados a pesar de que las tasas de desempleo se han desplomado.

 

Aun así, el hecho de que la economía de las zonas importantes del globo se esté expandiendo es una fuente de optimismo. No hay garantía de que esta fase expansiva vaya a traer una mayor igualdad económica; sin embargo, el ahora se siente similar al inicio de un crecimiento en evolución que podrá reforzar los salarios y aumentar la seguridad de las vidas de clase media.

“Ahora el mundo depende menos de unas cuantas estrellas”, dijo Barret Kupelian, economista sénior de la oficina londinense de la compañía global de contabilidad y consultoría PwC. “Si algo malo sucede en una economía, el hecho de que el crecimiento global se haya extendido otorga seguridad de que esto es más sostenible”.

 

 

​Crecimiento global

 

Por primera vez desde la ​crisis de hace una década las grandes economías del mundo registran aumentos en su producción nacional.

Estados Unidos, la economía más grande del mundo, está en su noveno año de crecimiento; el Fondo Monetario Internacional ha elevado sus expectativas de expansión a 2,7 por ciento para este año, cuando antes había pronosticado 2,3 por ciento, debido a los recortes de impuestos.

China ha apaciguado los temores de que hubiera una interrupción abrupta de su trayectoria de crecimiento, que ya lleva décadas. Europa, hasta hace poco desestimada como anémica y afectada a un punto sin remedio por la disfunción política, está emergiendo como uno de los líderes del crecimiento. Incluso Japón, sinónimo de declive durante mucho tiempo, ahora se está expandiendo.

El alza en los precios del petróleo ha dado aliento a los productores en Rusia y Medio Oriente, mientras que México ha superado hasta ahoralos temores de que la retórica comercial del gobierno de Donald Trump afecte negativamente a su economía. Brasil, que aún sufre los efectos de una depresión económica, da señales de que se está recuperando.

El resultado es una recuperación esperanzadora, aunque frágil y vulnerable a las preferencias y decisiones cada vez más impredecibles de los líderes mundiales.

 

Las amenazas de aniquilación nuclear intercambiadas por el presidente Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un han sembrado temores. La salida pendiente del Reino Unido de la Unión Europea posiblemente termine sucediendo sin un acuerdo para todos los temas a discusión, lo que sometería a Europa a una gran incertidumbre sobre las reglas del comercio, especialmente en el terreno de las finanzas. Además, la confusión generada por las promesas intermitentes de Trump de terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) mientras desencadena una guerra comercial con China alimenta el riesgo de descarrilar el crecimiento.

“Solíamos operar bajo la idea de que los mercados occidentales son políticamente estables y los mercados frontera, riesgosos”, dijo Martin Scheepbouwer, director ejecutivo del Grupo OLX, que opera plataformas de publicidad en línea en 41 países. “Hoy en día, con el brexit en Europa y la presidencia que hay en Estados Unidos, existe un nuevo nivel de inestabilidad que se cierne sobre la economía. Eso es algo que nos preocupa”.

Se espera que la economía mundial crezca un 3,9 por ciento este año y el próximo, según el FMI, en comparación a los 3,7 del año pasado y el 3,2 de 2016. Esto es positivo. Sin embargo, en los años anteriores a la crisis, el crecimiento global generalmente excedía el cuatro por ciento.

 

El Foro Económico Mundial recientemente publicó una evaluación de los factores de riesgo, a partir de un sondeo a mil expertos, en la que el 93 por ciento de los encuestados observó una mayor amenaza de confrontaciones políticas o económicas. Alrededor del 79 por ciento mostró inquietud ante la probabilidad incrementada de un conflicto militar y el 73 por ciento observó un aumento en el riesgo de erosión de las reglas del comercio mundial.

El informe también advirtió sobre el aumento de la desigualdad económica, las crecientes amenazas a la ciberseguridad y la mayor incidencia de clima extremo potenciado por el cambio climático.

“Muchos de estos riesgos son cada vez más sistémicos”, dijo Margareta Drzeniek Hanouz, una economista del Foro Económico Mundial, y agregó que amenazan con traer “consecuencias catastróficas para la humanidad y para la economía”.

Aunque las empresas globales se muestran cautelosamente optimistas de que los buenos tiempos puedan durar.

En Polonia y Brasil van en aumento los listados de empleo en línea, según OLX, una clara indicación de crecimiento. En toda Europa, la publicidad inmobiliaria de casas en venta ha aumentado a más del doble que la de propiedades de alquiler, otra señal de que la gente opera con más dinero. A medida que la recuperación se ha extendido, las fábricas en Europa del Este se han llenado de pedidos. Las plantas automotrices en República Checa, Eslovaquia, Polonia y Rumania están enviando más automóviles hacia Alemania, Francia y Holanda.

“Estamos invirtiendo fuertemente en Asia y también en África, porque el crecimiento de la población allí es más fuerte”, dijo el director ejecutivo de DMS, Feike Sijbesma, una compañía multinacional holandesa que fabrica productos alimenticios y acaba de abrir una fábrica en Ruanda. “África, que siempre fue el continente olvidado, ya no lo es”.

La situación favorable en Europa y el crecimiento de Estados Unidos también han llevado a que la industria china tenga una actividad aún frenética para satisfacer la demanda de productos, desde autopartes hasta herramientas y ropa. Más producción fabril ha elevado los precios de las materias primas y ha aumentado los ingresos de los productores de cobre en Chile e Indonesia, de las minas de oro en Sudáfrica y de las operaciones de plata en Suecia.

La mayor preocupación proviene de Washington, donde el gobierno de Trump ha prometido frecuentemente castigar a México y China por sus desequilibrados balances comerciales con Estados Unidos.

“Te metes en una guerra comercial, esa es la verdadera preocupación”, dijo Ben May, un economista global del Oxford Economics de Londres. “Los impactos en el crecimiento global serían bastante severos”.

 

Tomado de:    https://www.nytimes.com/es/2018/01/31/crecimiento-economico-global/?rref=collection%2Fsectioncollection%2Fnyt-es

 

Trump carga contra Amazon y la responsabiliza del cierre de miles de negocios

El presidente estadounidense, Donald Trump, cargó hoy contra el gigante tecnológico Amazon y lo responsabilizó del cierre de “muchos miles” de negocios minoristas.

“A diferencia de otros, pagan poco o ningún impuesto a los gobiernos estatales y locales, usan nuestro sistema postal como repartidor (lo que causa una tremenda pérdida para EE.UU.) y están dejando fuera del negocio a muchos miles de minoristas”, aseguró Trump en su cuenta oficial de Twitter.

El mandatario recordó que él ya había expresado su preocupación sobre el gigante del comercio electrónico “mucho antes de las elecciones” presidenciales, que se celebraron en noviembre de 2016.

El valor de Amazon en bolsa cayó este miércoles un 4,38% después de que varios medios apuntaran en las últimas horas que Trump tiene como objetivo “ir tras” la firma fundada por el multimillonario Jeff Bezos.

Esta no es la primera vez que Trump arremete contra Amazon y le acusa de perjudicar a empresas de todo el país y provocar la pérdida de empleos pues ha criticado a la empresa con sede en Seattle (Washington, EEUU) en varias ocasiones desde que llegó a la Casa Blanca. En diciembre, el presidente urgió al servicio postal de EEUU a cobrar “mucho más” a Amazon por la entrega de paquetes.

“¿Por qué el Servicio Postal de EE.UU., que está perdiendo miles de millones de dólares al año, cobra tan poco a Amazon y a otros por la entrega de sus paquetes y hace así a Amazon más rico y al servicio postal más tonto y pobre?”, afirmó entonces Trump en su cuenta de Twitter.

Al mandatario también le irrita la dura cobertura que hace de sus políticas el diario Washington Post, propiedad de Bezos, y sus tuits críticos con ese diario suelen llevar delante el nombre de la firma de comercio electrónico.

”¡El AmazonWashingtonPost, a veces citado como el guardián para que Amazon no pague impuestos por internet (como deberían), solo publica NOTICIAS FALSAS!”, escribió a finales de junio.

 

Tomado de: http://www.lavanguardia.com/economia/20180329/442027627625/donald-trump-amazon.html

 

China dice no temer a la guerra comercial y promete represalias Por: XAVIER FONTDEGLÒRIA

China ha dado dos mensajes claros en los últimos días ante la inminente imposición de aranceles a sus productos por parte de Estados Unidos. Uno, que abrirá su economía a sectores ahora prohibidos y aumentará la protección de los derechos de propiedad intelectual si hay diálogo. Dos, que no teme a una guerra comercial y responderá en caso de que Estados Unidos actúe unilateralmente. Con Trump abriendo el melón de las sanciones a un amplio paquete de importaciones chinas, Pekín se instaló en esta segunda opción y anunció su intención de gravar varios productos agrícolas y de acero estadounidenses.

El primer paquete provisional que preparan las autoridades chinas incluye 128 productos cuyas importaciones están valoradas en 3.000 millones de dólares, una cifra similar a los daños que provocarán los aranceles que la administración Trump ha impuesto al acero y al aluminio chinos y que entran en vigor este viernes. La fruta fresca, los frutos secos, el vino o los tubos de acero serán gravados con un impuesto del 15%, mientras que la carne de cerdo o el aluminio reciclado tendrán una tasa del 25%. La medida será efectiva, según el Ministerio de Comercio, “si no hay acuerdo entre las dos partes en el plazo específico” marcado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), un periodo con el que China quiere ganar tiempo para negociar.

China evitó aprobar medidas de mayor calado a la espera de conocer a fondo la subida de tarifas anunciada por Trump el jueves —que afectaría a importaciones valoradas en 60.000 millones de euros— porque no se sabe aún cuáles son los productos señalados. Pero sí advirtió que Estados Unidos “ha creado un precedente muy malo” y que no dudará en defender sus intereses legítimos. “China no quiere una guerra comercial, pero tampoco la teme. Tenemos confianza y somos capaces de manejar cualquier desafío. Esperamos que Estados Unidos retroceda antes de que sea demasiado tarde, que actúe de forma prudente y no arrastre la relación económica y comercial en una zona de peligro”, dijo el Ministerio de Comercio en un comunicado.

El embajador chino en EE UU, además, ha avanzado en una entrevista a Bloomberg emitida este viernes que el gigante asiático no descarta la posibilidad de reducir las compras de bonos del Tesoro estadounidenses. China es actualmente el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos, al controlar una quinta parte su deuda pública en manos extranjeras por un valor de 1,17 billones de dólares, una cifra casi equivalente al PIB de España.

Si bien la acción de Trump es el mayor envite proteccionista de su mandato, los expertos coinciden en que por sí sola no hará tambalear la economía china ni tampoco logrará reducir el abultado déficit comercial de Estados Unidos frente al gigante asiático, situado en 375.000 millones de dólares. La consultora Capital Economics estima el daño en como máximo una décima del crecimiento del PIB de un país que se expandió un 6,9% en 2017. “Hace diez años un movimiento de este calibre habría sido mucho más doloroso para China porque su economía dependía muchísimo de sus exportaciones, pero esta circunstancia ha cambiado”, explica Xu Bin, profesor de Economía y finanzas del CEIBS.

La cuestión es si este juego de toma y daca entre las dos mayores economías mundiales –nadie duda de que China tomará medidas una vez conozca los detalles de esta última ronda de aranceles- desembocará en un rifirrafe comercial constante y duradero, si es parte de una estrategia de Estados Unidos para negociar acuerdos que sí permitan atajar la enorme brecha comercial entre ambos países o simplemente una forma para Trump de contentar a sus votantes ante la convocatoria electoral de finales de año.

La selección de las mercancías afectadas por los nuevos aranceles en ambos lados va a ser clave en este sentido y probablemente fuerce las negociaciones. Washington tratará de escoger aquellos productos que repercutan menos en el bolsillo del consumidor o en la cadena de suministros de sus empresas, algo particularmente difícil debido a la naturaleza de las exportaciones chinas a Estados Unidos. China, según los expertos, es probable que se centre primero en productos agrícolas o bienes intermedios que afecten especialmente a las zonas con grandes caladeros de votos de Trump.

La soja, por ejemplo, está entre los primeros productos en las quinielas de las represalias que podría tomar Pekín. China compró soja a EE. UU. por valor de 12.400 millones de dólares el año pasado -un tercio del total exportado- y esta semana la prensa oficial china apoyó un futuro gravamen a este grano al acusar de competencia desleal a los productores estadounidenses. “Es muy probable que China se asegure de que los votantes de Trump vean que es su líder, y no China, el que les hace la vida imposible”, sostiene Xu.

FUERTES PÉRDIDAS EN LOS MERCADOS ASIÁTICOS

Los temores a una guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo golpearon con fuerza a los mercados de la región. Tokio cerró la jornada con una caída del 4,5%, Shanghái del 3,4% y Hong Kong del 2,5%. Las pérdidas alcanzaron a prácticamente todos los sectores ante las perspectivas de que China responda con medidas equivalentes al anuncio de Trump de imponer aranceles a centenares de importaciones procedentes del gigante asiático.

Valores como el oro o el yen, considerados refugio, se apreciaron. La moneda japonesa se situó en su nivel más alto frente al dólar desde noviembre de 2016.

 

Tomado de:       https://elpais.com/internacional/2018/03/23/actualidad/1521779805_121528.html

Los riesgos de la recuperación POR: JOSEPH E. STIGLITZ

Hace un año predije que el aspecto más distintivo del año 2017 iba a ser la incertidumbre, impulsada por, entre otras cosas, la elección de Donald Trump como presidente de EEUU y la votación del Reino Unido a favor de dejar de pertenecer a la Unión Europea. Parecía que la única certeza era la incertidumbre – y que el futuro podría tornarse en un lugar muy engorroso.

Lo que en los hechos ocurrió fue que, si bien 2017 no fue un año particularmente bueno, fue un mejor año de lo que muchos temían. Trump demostró ser tan grandilocuente y errático como se esperaba. Cualquiera que presta atención a solo sus incesantes tuits podría llegar a pensar que Estados Unidos se bambolea entre una guerra comercial y una guerra nuclear.

Trump fue capaz de insultar a Suecia un día, a Australia al día siguiente, y a continuación a la UE – y, luego procedió a apoyar a los neonazis que se encuentra dentro de su propio país. Además, los miembros de su gabinete plutocrático rivalizaron entre sí en términos de tener conflictos de intereses, ser incompetentes y actuar con absoluta necedad.

Hasta la fecha, sin embargo, a pesar de algunos retrocesos regulatorios preocupantes, especialmente con respecto a la protección ambiental, la combinación de las instituciones estadounidenses y la incompetencia de la administración Trump se tradujo en que existe (afortu- nadamente) una enorme brecha entre la fea retórica del presidente y lo que él realmente ha logrado.

Lo más importante para la economía global: no ha habido una guerra comercial. Usando el tipo de cambio entre México y EEUU como barómetro, los temores sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte han disminuido en gran medida, incluso cuando las negociaciones comerciales se estancaron. Sin embargo, la montaña rusa en la que nos mantiene Trump nunca termina: 2018 puede ser el año en que la granada de mano que Trump lanzó al orden económico global finalmente explote.

¿Milagro económico trumpiano?

Algunos señalan los niveles altos récord que alcanzó el mercado de valores de Estados Unidos como evidencia de que ocurre algún milagro económico trumpiano. Yo considero que esos niveles, en parte, se constituyen en evidencia de que la recuperación de la Gran Recesión, que se extiende ya por una década, finalmente se está robusteciendo. Cada desaceleración – incluso la más profunda – con el transcurso del tiempo llega a su fin; y Trump tuvo la suerte de estar en la Casa Blanca para beneficiarse del trabajo realizado por su predecesor con miras a establecer este escenario.

Sin embargo, también considero lo antedicho como evidencia de la miopía de los participantes en el mercado – su prodigalidad ante posibles reducciones de impuestos y ante la posibilidad de que una vez más vaya a fluir dinero hacia Wall Street, si se llega a restaurar el mundo en el que se vivía el año 2007. Estos participantes ignoran lo que ocurrió en el año 2008 – es decir, se olvidan de la peor caída en tres cuartos de siglo – así como de los déficits y la creciente desigualdad que trajeron consigo en el pasado los recortes de impuestos para los súper ricos. Tratan con displicencia los riesgos asociados a la desglobalización que plantea el proteccionismo de Trump. Igualmente, estos participantes no ven que, si se promulgan los recortes de impuestos financiados por deuda que quiere Trump, la Fed elevará las tasas de interés, lo que a su vez provocará una corrección en el mercado.

En otras palabras, el mercado una vez más está mostrando su propensión por el pensamiento a corto plazo y por la codicia pura. Nada de esto es un buen augurio para el desempeño económico de Estados Unidos a largo plazo; y sugiere que, si bien es probable que el año 2018 sea un mejor año que 2017, existen grandes riesgos en el horizonte.

Se presenta una situación similar en Europa. La decisión del Reino Unido de abandonar la UE no tuvo el efecto económico sacudidor que los que se oponían a la misma predijeron, en gran parte debido a la depreciación de la libra. Pero cada vez se ve más patentemente que el Gobierno de la primera ministra Theresa May no tiene una visión clara sobre cómo gestionar la retirada del Reino Unido, o sobre cuál será la relación post-Brexit que sostendrá el país con la Unión Europea.

Riesgos en Europa

Hay otros dos riesgos potenciales más para Europa. Un riesgo son los países altamente endeudados, como por ejemplo Italia, que tendrán dificultades para evitar una crisis una vez que las tasas de interés vuelvan a niveles más normales, como inevitablemente lo harán. Al fin y al cabo, ¿es realmente posible que la eurozona mantenga tasas bajas récord en el futuro previsible, incluso cuando las tasas estadounidenses aumenten?

Hungría y Polonia representan una amenaza más existencial para Europa. La UE es más que un simple acuerdo económico de conveniencia. Representa una unión de países comprometidos con valores democráticos básicos -que son los mismísimos valores que hoy en día el Gobierno húngaro y el Gobierno polaco menosprecian.

La UE está siendo puesta a prueba, y existen temores bien fundados de que se encontrarán deficiencias. Los efectos de estas pruebas políticas sobre el desempeño económico del próximo año pueden ser pequeños, pero los riesgos a largo plazo son claros y desalentadores.

En el otro lado del mundo, la concentración de poder del presidente chino Xi Jinping es palpable; esta concentración se constituye en un ejemplo para otros, y en uno que es respaldado por el ascenso de Trump, el mismo que a su vez ha empañado el prestigio de la democracia a nivel mundial. Además, la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda de Xi está cambiando la geografía económica de Eurasia, colocando a China en el centro y proporcionando un estímulo importante para el crecimiento de toda la región.

Pero China debe enfrentar muchos desafíos a medida que atraviesa una transición complicada desde el crecimiento impulsado por las exportaciones hacia el crecimiento impulsado por la demanda interna, desde una economía manufacturera hacia una basada en los servicios, y desde una sociedad rural hacia una urbana. La población está envejeciendo rápidamente. El crecimiento económico se ha desacelerado marcadamente. La desigualdad es más severa que en EEUU, la cuarta peor desigualdad entre los países desarrollados (China se sitúa detrás de México, Turquía y Chile). Y la degradación ambiental plantea una amenaza creciente para la salud y el bienestar de los seres humanos.

El éxito económico sin precedentes de China en las últimas cuatro décadas se ha ba- sado en parte en un sistema mediante el cual las consultas amplias y la construcción de consenso dentro del Partido Comunista y el Estado chino respaldaron cada conjunto de reformas. ¿Funcionará bien la concentración de poder de Xi en una economía que ha crecido en tamaño y complejidad? Un sistema de comando y control centralizado es incompatible con un mercado financiero tan grande y complejo como el de China; al mismo tiempo, sabemos a dónde pueden llevar a una economía los mercados financieros insuficientemente regulados.

No obstante, todos estos son, esencialmente, riesgos a largo plazo. Para el año 2018, la apuesta segura es que China estará al mando de su propio camino, aunque con un crecimiento ligeramente más lento.

En definitiva, a medida que la recesión posterior al año 2008 en las economías avanzadas se desvanece, perdiéndose en el pasado distante, las perspectivas globales para 2018 se vislumbran un poco mejores que aquellas que se presentaban para 2017. El desplazamiento desde una postura de austeridad fiscal hacia una más estimulante reducirá la necesidad de políticas monetarias extremas, mismas que casi con seguridad han tenido efectos distorsionadores no solo en los mercados financieros, sino también en la economía real.

Sin embargo, todos los siguientes factores: la concentración del poder en China, el fracaso de la eurozona (hasta la fecha) en cuanto a reformar su estructura defectuosa y, lo más importante, el desdén que muestra Trump por el imperio de la ley a nivel internacional, así como el fin de un liderazgo estadounidense confiable, plantean riesgos más profundos para la economía global. No debemos permitir que el éxito de corto plazo nos adormezca llevándonos a la complacencia.

 

Tomado de:    http://www.eleconomista.es/firmas/noticias/8864265/01/18/Los-riesgos-de-la-recuperacion-.html

Carl Shapiro: “No creo que sea fácil controlar el poder de las grandes tecnológicas a través de la regulación” Por: Walter Frick trad. Teresa Woods

Según un coro de críticos cada vez mayor, Estados Unidos tiene un “problema con los monopolios”. Lo ha dicho el economista ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz. También la senadora demócrata de Estados Unidos Elizabeth Warren. No son las únicas personas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha calificado a Amazon como un “monopolio sin impuestos“. En respuesta, los expertos, los políticos y los think-tanks o laboratorios de ideas están renovando su interés en las políticas antimonopolio.

Pero, ¿realmente está controlado Estados Unidos por los monopolios? Y, ¿son las políticas antimonopolio la respuesta? Hablamos de ello con el profesor de la Escuela de Negocios Hass de las Universidad de California en Berkeley (EE.UU.) Carl Shaphiro. Experto en políticas antimonopolio, Saphiro también ha trabajado para el Departamento de Justicia de EE.UU. durante los gobiernos Obama y Clinton, además de formar parte del Consejo de Asesores Económicos de Obama.

En un nuevo trabajo, Shapiro examina las pruebas de la supuesta y creciente concentración empresarial dentro de la economía de EE.UU., analiza si esta dinámica supone una marca de la competencia y define el rol que, considera, deberían tener las políticas antimonopolio en el futuro. Hablé con él por teléfono y correo electrónico. Lo que sigue son extractos de nuestra conversación, editados por razones de longitud y claridad.

¿Por qué publicar ahora este trabajo: Antimonopolio en tiempos de populismo?

Shapiro: La elección de Trump, por supuesto, tiene algo que ver. Pero es más que eso. Durante las elecciones de 2016, los dos grandes partidos afirmaban que el sistema estaba amañado y que el pequeño [empresario, trabajador] no recibía un trato justo. Esa sensación estaba dirigida en parte al Gobierno, pero también a las empresas. No son pocos los estadounidenses que parecen creer que unas pocas y grandes compañías poderosas controlan el sistema y que los individuos y las pequeñas no reciben un trato justo.

En concreto, bastantes periodistas, analistas políticos y los propios políticos han estado hablando de lo que ven como el declive de la competencia en Estados Unidos durante los últimos 30 o 40 años. Detallo esto en mi trabajo. Esa afirmación dirige la atención a la pregunta de si las políticas antimonopolio de alguna manera nos han fallado.

Si aumenta la concentración empresarial, ¿se trata realmente de una pérdida de competencia?

En realidad no nos interesa la concentración en sí misma. Usamos la concentración del mercado como una muestra o señal de si un mercado es competitivo. Dedico mucho tiempo en el trabajo a analizar los datos e intentar responder a la pregunta de si los mercados de EE.UU. se han concentrado de manera significativa durante los últimos 20 o 30 años. Existen algunos importantes problemas de medición. Mucho de lo que se ha dicho sobre los cambios en la concentración carece de una base sólida si se estudian los indicadores en detalle. Veo un aumento en la concentración, pero no a niveles que indiquen la presencia de muchos monopolios, ni siquiera de oligopolios entrelazados.

Pero la pregunta más importante es: ¿qué hacer con el incremento de concentración que sí identificamos? Hay dos interpretaciones muy diferentes. Una es que cuando un mercado se concentra más, significa que es menos competitivo y por tanto tenemos un problema. No es una idea nueva. De hecho, fue bastante popular durante las décadas de 1950 y 1960. Hoy, muchas personas parecen adoptar esa visión sin darse cuenta siquiera de que existe una interpretación alternativa perfectamente coherente.

Esta perspectiva alternativa, la segunda a la que me refería, atribuye el aumento de la concentración a economías de escala crecientes. Es decir, a que las empresas más grandes tienden a ser más eficientes que las más pequeñas. Desde ese punto de vista, las compañías más grandes terminarán por superar a sus rivales más pequeñas. Eso es lo que ocurre de forma natural cuando las empresas compiten y existen economías de escala notables. Por tanto, una vez se producen economías de escalas y algunas compañías se revelan más eficientes que otras, esas empresas también se hacen más grandes y terminan por tomar el control, lo que es probable se traduzca en una mayor concentración de mercado. Además, los economistas industriales entienden bien y asumen que muchos mercados están por definición concentrados de forma natural. Esta, entonces, es la explicación alternativa: al menos parte de la creciente concentración que vemos es el reflejo de los procesos competitivos en curso.

¿Cuál debería ser entonces el papel de las políticas antimonopolio? ¿Qué principios y criterios deberían seguir?

En Estados Unidos, existen principios bien establecidos sobre las políticas antimonopolio. Son bipartidistas. Son de larga data. Las agencias antimonopolio, los abogados privados, las políticas antimonopolio y los tribunales siguen esos principios. Todo el mundo que trabaja en esta área ha convergido en estos principios durante los últimos 50 años. Hemos exportado incluso esos principios al resto del mundo. Lo que resulta sorprendente es que ahora parecen estar otra vez en tela de juicio. Se están cuestionando sin tampoco ofrecer, en mi opinión, ni una base coherente para ello ni tampoco una alternativa factible.

Entonces, ¿cuáles son esos principios? Primero, que el objetivo de las políticas antimonopolio es asegurar que los consumidores se beneficien de las fuerzas de la competencia. Eso significa varias cosas. En primer lugar, debemos asegurarnos de que las fusiones no eliminen la competencia. En segundo lugar, no podemos permitir que las empresas formen cárteles para coludir en lugar de competir. En tercer lugar, no podemos permitir que las empresas grandes y poderosas empleen tácticas represivas ni excluyan a los competidores que las amenacen. El hilo conductor es que las políticas antimonopolio impiden que las empresas hagan cosas, ya sea por sí mismas o en grupo, que interrumpan el proceso competitivo y perjudiquen a los consumidores. Ese es el principio central, eso es lo que intentamos hacer con las políticas antimonopolio.

Ahora, comparemos eso con dos cosas que no intentamos hacer. En primer lugar, las leyes antimonopolio no disuelven ni regulan una empresa simplemente porque haya crecido hasta convertirse en grande y poderosa. Existen otras leyes para ello. Si concluimos que una industria es un monopolio natural, por lo que la competencia en esa industria simplemente no puede funcionar, tenemos que recurrir a la regulación del precio o de la tasa de rendimiento. Es lo que hacemos con los servicios públicos.

Las medidas antimonopolio, sin embargo, no castigan a las empresas por ser exitosas, ni siquiera cuando se vuelven dominantes. A veces, una empresa tiene mucho éxito y logra una posición dominante dentro del mercado. Pero mientras esa empresa no excluya a sus competidores ni fomente la “monopolización”, las leyes antimonopolio aceptarán esa situación como parte, como resultado, del proceso competitivo. Esto se remonta a la Ley Sherman de 1890, que prohíbe la “monopolización” pero no el “monopolio”.

En segundo lugar, las políticas y medidas antimonopolio no protegen a las pequeñas empresas de la competencia de las más grandes. Intentan desatar las fuerzas de la competencia, no estrangularlas. Durante más de 100 años, ha habido intentos políticos para proteger a las pequeñas empresas. Está bien. Pero si llegamos a la conclusión de que es un objetivo social importante, debe lograrse a través de otros medios como el sistema impositivo y la regulación, no a través de la defensa de la competencia.

Me llama mucho la atención lo parecido que puede resultar el debate de hoy al de hace cincuenta años y también al de hace cien años. Es como si hubiera ciclos de 50 años en los que este tipo de sentimientos populistas resurge y apunta a las políticas antimonopolio como solución de ciertos problemas que, básicamente, no tienen que ver con la competencia.

¿Por qué no son adecuadas las políticas antimonopolio?

El más importante es el poder político excesivo de las grandes empresas, el que puedan escoger sus propios reguladores e influir en el Congreso en lo que a las reglas del juego se refiere, desde las políticas ambientales hasta las políticas laborales y fiscales. Creo que es un gran problema y, de hecho, forma parte de un problema más amplio de corrupción generalizada por el cual el dinero tiene una enorme influencia en la política. En absoluto soy la única persona a la que le preocupa, pero las políticas antimonopolio no pueden resolverlo. La solución debe surgir de la reforma de la financiación de las campañas políticas, una mayor transparencia, una definición legal más amplia de la corrupción y otras políticas la misma línea.

El segundo gran problema que la gente pide que las medidas antimonopolio resuelvan la desigualdad salarial, que redistribuyan la riqueza. Las medidas antimonopolio eficaces, por supuesto, ayudan de alguna manera a reducir la desigualdad porque protegen a los consumidores. Pero no pueden ser la principal forma de solucionarla. Eso tiene que depender de las políticas fiscales y otras igual de importantes como la sanitarias y las educativas.

¿Podría crearse algún esquema parecido al de los servicios públicos para limitar la autonomía de las grandes empresas tecnológicas?

Estamos en un momento en el que se habla mucho de eso, y no creo que el debate desaparezca demasiado deprisa. No me opongo de forma intrínseca a ciertas formas de regulación, sobre todo si están bien diseñadas. Solo le pido a quien sugiera algo así que se pregunte: ¿Cuál es exactamente el problema que se intenta resolver? ¿Qué entidad se encargaría de la regulación? ¿Cómo se evitaría que las empresas controlaran esa entidad? ¿Sería viable? Si bien las normativas ambientales, de salud y seguridad han sido un gran éxito y han salvado muchas vidas, también hemos aprendido a lo largo de 50 años intentando mejorar diferentes industrias que el control de los precios y de entrada y salida a menudo no funciona demasiado bien. El mejor ejemplo fue la regulación de las aerolíneas: tuvieron que liberalizarse hace 40 años.

En cuanto a las empresas tecnológicas de hoy, un ejemplo puede ser exigir a las compañías que revelen e identifiquen qué es publicidad política y quién la ha pagado. ¿Por qué no? Podría ser una buena opción. Quizá haya algunos problemas técnicos, pero parece una muy buena idea. Otras normas tienen que ver con el control de los usuarios sobre su propia información personal y actividad en línea, algo a lo que también estoy bastante dispuesto.

Pero cuando la gente expresa preocupaciones generales sobre el poder de las grandes empresas tecnológicas y se apoyan en las regulaciones para controlarlo, soy más escéptico. Piensa en el caso de Facebook. Claramente, es una empresa grande y poderosa gracias a su gran red social. Pero, ¿qué problema resolvería regularla y de qué regulación específica estamos hablando? Si hay alguien que quiera presentar una propuesta para una regulación de amplio espectro y que afecte a Facebook, adelante, lo escucho. Pero no creo que resulte fácil controlar el poder económico de las grandes empresas tecnológicas a través de la regulación. La mejor manera de hacerlo es asegurarse de que estén sujetas a las fuerzas de la competencia.

 

Tomado de:    https://hbr.es/econom/895/carl-shapiro-no-creo-que-sea-f-cil-controlar-el-poder-de-las-grandes-tecnol-gicas-trav-s

 

 

 

Los efectos económicos del deporte Por: Carles Murillo

La práctica y el negocio deportivos son un elemento dinamizador de empleo e integración social

 

El deporte estuvo siempre entre nosotros y lo seguirá estando. Desde hace unos años, sin embargo, su presencia va mucho más allá de la simple práctica individual o colectiva, ya que se le añade el interés que genera entre espectadores y consumidores de cualquier tipo de productos o servicios relacionados. El deporte atrae también al tejido empresarial y surgen con fuerza inusitada fabricantes de materiales (instalaciones, maquinaria para cronometraje, mantenimiento), productos (nutricionales, atuendo), prestadores de servicios (organizadores de eventos, consultoría, formación) y medios de comunicación. El resultado es un sector en auge, con presencia tanto de la esfera pública como privada, y con voz cada vez más destacada en el desarrollo económico del territorio, como reconoce el Consejo de Europa que la confiere, además, protagonismo como dinamizador del empleo y elemento clave en al ámbito juvenil y la integración social.

Las cifras aportadas por la Comisión Europea señalan que el deporte genera el 1,76% del valor añadido bruto y el 2,12% del empleo en la Unión Europea. En Catalunya el deporte significa el 2,1% de su PIB, según el estudio El Peso Económico del Deporte y el 2,7% del empleo. Aunque las cifras se refieren al año 2006, resultan muy significativas para ilustrar la importancia del sector que se sitúa por encima de otros como el textil, edición y artes gráficas, y fabricación de vehículos de motor, cuya contribución al PIB catalán está por debajo del 2% por parte de cada uno de dichos sectores. Recientemente han aparecido también diversos trabajos que miden, desde ópticas distintas pero complementarias, la importancia económica del deporte. Para los autores del estudio de ACC10 para Indescat (clúster de industria del deporte en Catalunya) se han identificado 578 empresas que facturan casi 3,5millones de euros y dan empleo a cerca de 15.000 personas. El segmento dedicado a la fabricación de instalaciones, equipos de competición, artículos textiles y complementos, así como el de los medios de comunicación son los de mayor volumen de facturación, representando prácticamente el 70% del conjunto de todas las empresas del sector. La crisis económica ha repercutido más entre las empresas que fabrican materiales y en las instalaciones y, en cambio, no se ha dejado sentir en la categoría de los eventos. El Institut Barcelona Esports (IBE) presentó también sus cifras. En este caso se incluyen los clubs y asociaciones deportivas de la ciudad de Barcelona que mueven algo más de dos millones, sin contar con el volumen de facturación del FC Barcelona que, según un reciente estudio realizado por Deloitte, se traduce en un impacto total de 759 millones de euros anuales. Para el conjunto del Estado español, las fuentes oficiales estiman que existen cerca de 20.000 empresas en el sector propiamente dicho. A esta cifra deberían añadirse los establecimientos turísticos especializados en la práctica deportiva, los fabricantes de bebidas y alimentos energéticos, productos farmacéuticos para los deportistas, entre otros.

La repercusión del deporte en el territorio es económica, pero también social y mediática. Es creciente el número de personas que practican habitualmente deporte, como lo constatan todos los estudios poblacionales. Barcelona cuenta con 1.572 instalaciones deportivas y cerca de 5.000 espacios para el deporte. Tres de cada cuatro niños y más de la mitad de los mayores de 18 años practican habitualmente deporte. Barcelona ha consolidado mundialmente la asociación de la marca de la ciudad con el deporte, sigue en el candelero de las competiciones deportivas internacionales, cuenta con clubs de reconocido prestigio a nivel mundial en distintas disciplinas y alberga la sede de instituciones como, por ejemplo, la Euroliga de baloncesto. Los efectos de la celebración de eventos deportivos son generalmente positivos, especialmente cuando atraen a participantes y espectadores de fuera del país. El sector turístico (alojamientos y restauración) y el comercio son los grandes beneficiados de manera directa pero, indirectamente, lo es el conjunto de la sociedad con la generación de empleo y excedentes que luego repercuten en otros ámbitos de la vida social y económica.

Las cifras aportadas por la Comisión Europea, que estima que el efecto multiplicador es del 1,22 (cada 100 euros que mueve el deporte se traduce en 122 euros para el conjunto de la economía), sitúan al deporte como un elemento estratégico en la generación de riqueza. El deporte, supone para la economía catalana un área de actividad estratégica dada su situación especial tanto desde la perspectiva competitiva como de su aportación social e integradora.

 

Tomado de:    http://www.elperiodico.com/es/opinion/20150619/los-efectos-economicos-del-deporte-4289706}

 

 

Los costes ocultos de la presión excesiva en las empresas Por: Emma Seppala, y Kim Cameron trad. Teresa Woods

Demasiadas empresas apuestan por una cultura exigente y despiadada basada en la alta presión y en la idea de “no hacer prisioneros” para impulsar su éxito financiero.

Pero un gran, y cada vez mayor, número de investigaciones sobre la psicología organizacional positiva demuestra que un entorno despiadado no sólo resulta dañino para la productividad con el tiempo, sino que un entorno positivo dará paso a unos beneficios espectaculares para los empleadores, empleados y resultados.

Aunque existe una creencia generalizada de que el estrés y la presión empujan a la gente a rendir más, mejor y más rápido, lo que las organizaciones despiadadas no reconocen son los costes ocultos que supone.

Primero, los gastos de atención sanitaria en empresas de alta presión son casi un 50% más altos que en otras compañías. La Asociación Estadounidense de Psicología calcula que más de 500.000 millones de dólares (unos 442.000 millones de euros) son desviados de la economía estadounidense a causa del estrés laboral a la vez que se pierden 550 millones de jornadas de trabajo. Entre el 60% y el 80% de los accidentes laborales son atribuidos al estrés, y se calcula que más del 80% de las visitas al médico se deben al mismo problema. El estrés en el trabajo se asocia con problemas de salud que van desde síndromes metabólicos hasta enfermedades cardiovasculares y la mortalidad.

El estrés de querer pertenecer a determinadas jerarquías ya se asocia de por sí con enfermedades y la muerte. Un estudio demostró que cuánto más bajo es el rango de alguien dentro de una jerarquía, más altas son sus probabilidades de padecer una enfermedad cardiovascular y morir de un ataque al corazón. En un estudio a gran escala con más de 3.000 empleados realizado por Anna Nyberg del Instituto Karolinska, los resultados mostraron una fuerte correlación entre la gestión y la actitud de los líderes y las enfermedades cardíacas de los empleados. Los jefes que generan estrés son literalmente malos para el corazón.

En segundo lugar está el coste de la pérdida de compromiso.  Mientras que un entorno despiadado y una cultura del miedo pueden asegurar la participación (a veces incluso la ilusión) durante un tiempo, las investigaciones sugieren que el estrés inevitable que esto genera probablemente dará paso a la pérdida de compromiso a largo plazo. El compromiso con el trabajo –que está asociado con sentirse valorado, seguro, apoyado y respetado– en general está negativamente asociado con una cultura altamente estresante y despiadada.

Y la pérdida de compromiso resulta cara. En estudios realizados por la Escuela de Negocios Queens y por la Organización Gallup, los trabajadores no comprometidos tenían una tasa de absentismo un 37% más alta, un 49% más de accidentes y el 60% más de errores y defectos. En organizaciones con un compromiso bajo de los empleados, se detectó una productividad un 18% más baja, un 16% menos de rentabilidad, un 37% menos de crecimiento del empleo y un precio de las acciones un 65% más bajo con el tiempo. De forma importante, los negocios con empleados altamente comprometidos reciben el 100% más de solicitudes de trabajo.

La falta de lealtad del personal es un tercer coste. Las investigaciones demuestran que el estrés en el entorno laboral provoca un incremento de casi un 50% en la rotación voluntaria de los empleados. La gente acude al mercado del trabajo, rechaza ascensos o se despide. Y los costes de la rotación de empleados asociados con el reclutamiento, la formación, la productividad disminuida, la experiencia perdida y así sucesivamente son significantes. El Centro para el Progreso Estadounidense calcula que reemplazar a un único empleado cuesta aproximadamente el 20% del sueldo de ese empleado.

Por estos motivos, muchas empresas han creado una amplia variedad de beneficios que van desde el teletrabajo hasta los gimnasios patrocinados. Sin embargo, estas empresas siguen obviando las investigaciones. Una encuesta de Gallup demostró que, incluso cuando la empresa ofrecía beneficios como el horario flexible y oportunidades de teletrabajo, el nivel de compromiso predecía el bienestar mucho más que cualquier otra cosa. Los empleados prefieren el bienestar dentro del entorno laboral a los beneficios materiales.

El bienestar nace de un lugar, y sólo un lugar: una cultura positiva.

Crear una cultura positiva y sana para su equipo depende de unos pocos principios. Nuestras propias investigaciones (véanlas aquí y aquí) sobre las cualidades de una cultura del entorno de trabajo positivo se reducen a seis características esenciales:

  • Preocuparse por, interesarse por y ser responsable de los compañeros de trabajo como de los amigos.
  • Proporcionarse apoyo el uno al otro, incluido ofrecer amabilidad y compasión cuando los demás tengan dificultades.
  • Evitar la culpa y perdonar los errores.
  • Inspirarse mutuamente en el trabajo.
  • Hacer hincapié en la importancia del trabajo.
  • Tratarse todos con respeto, gratitud, confianza y honestidad.

Como mánager, ¿cómo puede fomentar estos principios? Las investigaciones señalan cuatro pasos que puede probar:

  1. Fomente las conexiones sociales. Un gran número de estudios empíricos confirman que las conexiones sociales positivas en el trabajo generan unos resultados altamente deseables. Por ejemplo, la gente enferma menos, se recupera dos veces más rápido tras una cirugía, sufren menos depresiones, aprenden más rápido y retienen la información durante más tiempo. Sin olvidar que toleran mejor el dolor y el malestar físico, demuestran una mayor agudeza mental y rinden mejor en el trabajo. A la inversa, una investigaciónde Sarah Pressman de la Universidad de California en Irvine (EEUU) encontró que la probabilidad de morir joven aumenta en un 20% para la gente obesa, en un 30% en las personas que beben alcohol en exceso, en un 50% para los fumadores, pero en un descomunal 70% para la gente con relaciones sociales pobres. Un entorno de trabajo tóxico y estresante afecta a las relaciones sociales, y con ellas, a la expectativa de vida.
  2. Demuestre empatía. Como jefe, tiene un enorme impacto sobre cómo se sienten sus empleados. Un revelador estudio de imágenes cerebralesencontró que cuando los empleados recordaban un jefe que era antipático o indiferente, mostraron una mayor activación de las áreas del cerebro asociadas con las emociones negativas mientras que sucedía lo contrario si recordaban uno empático. Además, Jane Dutton y sus compañeros del Laboratorio de la Compasión de la Universidad de Michigan (EEUU) sugierenque los líderes que demuestran compasión hacia los empleados fomentan la resiliencia individual y colectiva durante los tiempos difíciles.
  3. Esfuércese al máximo en ayudar.¿Alguna vez ha tenido un mánager o mentor que se molestaba mucho en ayudarle cuando él o ella no tenía por qué hacerlo? Probablemente se ha mantenido leal a esa persona hasta la fecha. El investigador de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York Jonathan Haidtdemuestra con sus investigaciones que cuando los líderes no sólo son justos, sino también abnegados, sus empleados realmente se sienten motivados e inspirados para a su vez volverse más leales y comprometidos. Como consecuencia, tienen más probabilidades de esforzarse por ser amable y ayudar a los demás, creando así un círculo autofortalecedor. El profesor de la Escuela de Gestión de Róterdam (Países Bajos) Daan Van Knippenberg demuestra que los empleados de líderes abnegados son más cooperativos porque confían más en sus superiores. También resultan más productivos y perciben a sus líderes como más eficaces y carismáticos.
  4. Anime a la gente a que hable con usted, especialmente sobre sus problemas.De forma no sorprendente, confiar en que el líderse preocupa por sus intereses mejora el rendimiento de los empleados. Se sienten seguros en lugar de temerosos y, como demuestra una investigación de la investigadora de la Universidad de Harvard (EEUU) Amy Edmondson, una cultura de la seguridad con líderes inclusivos, humildes y que animen a sus empleados a expresarse o pedir ayuda, proporciona mejores resultados de aprendizaje y rendimiento. En lugar de crear una cultura del miedo a las consecuencias negativas, sentirse seguro en el entorno laboral ayuda a fomentar el espíritu de experimentación que tan crítico resulta para la innovación. El profesor de la Universidad de Sheffield (Reino Unido) ha demostrado que el empoderamiento, cuando se empareja con una buena formación y trabajo en equipo, mejora el rendimiento de los trabajadores mientras que un abanico de prácticas eficientes de producción y operaciones no.

Cuando sabe que un líder está comprometido a trabajar  a partir de un conjunto de valores basados en la amabilidad interpersonal, él o ella fija el tono para el resto de la organización. En Give and Take, el profesor de la Universidad de Wharton (EEUU) Adam Grant demuestra que la amabilidad y la generosidad de los líderes son unos buenos indicadores de la eficacia del equipo y de la organización. Mientras que los entornos laborales hostiles se asocian con una salud de los empleados más pobre, ocurre lo contrario con los entornos laborales positivos donde los empleados suelen tener una presión arterial más baja además de unos sistemas inmunológicos más fuertes. Un entorno laboral positivo también da paso a una cultura laboral positiva que, de nuevo, impulsa el nivel de compromiso, participación y rendimiento. Los empleados más felices no sólo proporcionan un entorno laboral más agradable, sino también una mejor atención al cliente. Como consecuencia, una cultura feliz y solidaria no sólo aumenta el bienestar y la productividad de los empleados, sino que también mejora la salud de los clientes así como su satisfacción.

En resumen, un entorno laboral positivo tiene más éxito con el tiempo porque aumenta las emociones positivas y el bienestar. Esto, a su vez, mejora las relaciones interpersonales y amplifica las aptitudes y la creatividad de los empleados. Protege contra las experiencias negativas como el estrés, lo que mejora la capacidad de recuperación de los empleados frente a los retos y dificultades mientras refuerza su salud. Logra que los empleados actúen de manear más leal además de reforzar sus mejores puntos fuertes. Cuando las empresas desarrollan culturas positivas y virtuosas, consiguen unos niveles significativamente más altos de eficacia organizativa, incluido el rendimiento financiero, la satisfacción del cliente, la productividad y el compromiso de los empleados.

 

Tomado de:  https://www.hbr.es/gesti-n-de-personas/142/los-costes-ocultos-de-la-presi-n-excesiva-en-las-empresas

 

¿Debería Venezuela dolarizarse? Por: Vicente Albornoz Guarderas

No, no debería. El dólar es una herramienta muy poderosa para estabilizar una economía, pero si en una sociedad no hay los consensos necesarios para que el sistema funcione, adoptar el dólar podría ser contraproducente. Actualmente en Venezuela hay una discusión muy encendida sobre si deberían dolarizarse o no. Y, obviamente, el Ecuador y su éxito en dolarización son un constante punto de referencia. Porque, sin falsa modestia, tenemos que reconocer el éxito de ese sistema en nuestro país, tanto por lo que ha logrado como por lo que ha impedido. Lo logrado es importante. En los primeros 6 años de dolarización, de enero 2000 a diciembre 2005, nuestra economía pasó por un período inusualmente positivo, a pesar de que el precio del petróleo era relativamente bajo (USD 36 en precios actuales). Por ejemplo, la inflación cayó de 108% en septiembre de 2000 a menos de 10% en enero 2003 y a menos de 1% en marzo 2005. Y la economía creció. La gran crisis del 1999 hizo que la economía se contraiga, pero ya para 2003 el producto por habitante igualaba su mejor nivel anterior a la crisis (1998) y para 2005 estaba 8% por encima del nivel de 2003. Sólo recordemos que antes de esos buenos años habíamos tenido dos décadas de estancamiento y que el producto por habitante de año 2000 fue sólo levemente superior al de 1981. La pobreza, que se disparó en 1999, para el 2001 ya estaba en niveles similares a los de 1995 e iba a caer cerca de 15 puntos hasta 2005. Eso es lo que la dolarización “logró”. Pero también impidió cosas dañinas como la emisión inorgánica de dinero (que fue pequeñísima), a pesar de que durante 10 años consecutivos un gobierno derrochador hizo todo lo posible por “crear” dinero para cubrir sus insaciables ansias de gastar. Y eso nos liberó de una hiperinflación al estilo de Alan García o de Maduro. ¿Pero fue la dolarización del Ecuador una varita mágica que solucionó por sí sola todos nuestros problemas? Responder afirmativamente a esta pregunta sería desconocer que la terrible crisis (tanto económica como política) de 1999 creó en el Ecuador la conciencia de que era necesario reformar la economía y que era vital cuidar los equilibrios de ciertas variables claves. Tanta fue la conciencia que tomamos que, al menos hasta el 2008 se respetó la independencia del Banco Central o se reformó la Ley de Hidrocarburos para que el sector privado pueda ser dueño de oleoductos o, en el caso más extremo de sensatez, se institucionalizó el ahorro público al crearse los fondos de ahorro. Y cuando llegaron los populistas dispuestos a destruirlo todo a cambio de ganar popularidad, la dolarización ya estaba tan arraigada en los corazones (y bolsillos) de los ecuatorianos, que no pudieron destruirla.

@VicenteAlbornoz

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:http://www.elcomercio.com/opinion/deberia-venezuela-dolarizarse-opinion.html.