Economía: Es más sencilla de lo que pensáis Por: David Gordon

En opinión de John Tamny (editor de Forbes y RealClearMarkets), la economía como se estudia y enseña en las universidades es innecesariamente complicada. Las verdades básicas de la economía son sencillas y no requieren ninguna matemática difícil para entenderlas. Los lectores recordarán la gran obra La economía en una lección de Hazlitt.

Empresarios contra burócratas

El libro está animado por una visión controladora. Una economía de éxito depende de empresarios innovadores que estén dispuestos a asumir grandes riesgos a cambio de la posibilidad de grandes beneficios. Es esencial para la prosperidad no obstaculizar los esfuerzos de estos empresarios a través de intentos públicos de gravar y regular la economía. Tamny ilustra esta tesis con muchas historias acerca de personas famosas, como sugiere el subtítulo del texto.

El gobierno, destaca Tamny, no produce nada por sí mismo. Funciona quitando recursos a lo productivo. A la objeción de que el gobierno puede usar él mismo el dinero que recibe en impuestos para fines beneficiosos para la economía, Tamny responde que es mucho más probable que las personas de éxito en los negocios sean mejores jueces de lo que es beneficioso que los burócratas en el gobierno. Si estos fueran más capaces de discernir oportunidades de conseguir beneficios, ellos mismos serían empresarios. Los funcionarios de alto nivel pueden ganar salarios altos, pero la riqueza de los que están en los negocios es mucho mayor. “Si eres tan listo, ¿por qué eres un funcionario?”

A esto se puede imaginar alguien objetando: Aunque sea verdad que los empresarios de éxito aumentan la productividad económica, ¿no lo hacen con un gran peligro? ¿Qué pasa con la desigualdad? ¿Qué pasa si los empresarios de éxito lo hacen tan bien que acumulan muchísima más riqueza que otros? Es sabido que Thomas Piketty ha enfatizado mucho este punto, pero Tamny tiene una respuesta eficaz y sencilla. Las grandes acumulaciones de riqueza son deseables: los ricos invertirán su dinero y todos se beneficiarán. “Cuando el rico ‘atesora’ su riqueza, se presta a quienes necesitan dinero para coches, ropa o escolarización, por no mencionar la nueva generación de Bill Gates, plena de ideas pero necesitada de capital que abundará si algunos de los más ricos de la sociedad mantienen intacta su riqueza de forma que pueda pasar a generaciones futuras”.

Si una alta inversión es la clave de la prosperidad, el impuesto a las ganancias del capital es algo especialmente deplorable. “Los inversores que podrían arriesgar su capital en el sector privado saben que podrían perderlo todo y afrontan un impuesto del 20% sobre cualquier retorno que consigan en su inversión. Esos mimos inversores tienen la opción de comprar bonos públicos y, aunque los retornos son bajos, son fiables y, en el caso de los bonos municipales, están libres de impuestos. (…) Nuestro código fiscal (…) pone a los empresarios en una enorme desventaja cuando compiten con el gobierno por los inversores”.

Los impuestos, por supuesto, no son la única manera en que el gobierno obstaculiza el libre mercado. Los intentos del gobierno por regular la economía plantean exactamente el problema que encuentra Tamny en los impuestos. Por ejemplo, las leyes antitrust pretenden impedir que las empresas ganen un control de monopolio de productos importantes, ¿pero no están los que están en el escenario más cualificados que los “expertos” públicos para evaluar si las condiciones del mercado hacen deseables las fusiones? De nuevo, son los empresarios, no los funcionarios, los capacitados para anticipar la demanda futura. “Las fusiones en último término se refieren a la supervivencia. Las empresas deben ajustarse a un clima empresarial futuro incierto y restringir la capacidad de empresas más grandes para actuar como más interese a los accionistas es contraproducente. La regulación antitrust no estimula la competencia tanto como reduce las empresas de éxito a presas fáciles”.

“Las sociedades capitalistas pueden recuperarse de todo”

Hemos omitido hasta ahora una parte clave del argumento de Tamny. Los empresarios habilidosos tienen éxito, pero muchos fracasan en los negocios. El mercado funciona distinguiendo a los exitosos de los fracasados mediante la prueba de la rentabilidad. A partir de este hecho, es tan esencial que se permitan lo fracasos como que se permita a los que tengan éxito mantener sus beneficios. Los intentos de salvar los fracasos inutilizan el mercado.

Este punto vital puede usarse para responder a una objeción común al libre comercio. Mucha gente objeta al libre comercio porque, en algunos casos, la competencia extranjera elimina del negocio a las empresas nacionales, causando desempleo. A la respuesta de que un comercio expandido crea trabajos en otro lugar en la economía, la respuesta habitual es ¿qué pasa con los trabajadores que sí pierden su empleo? Son a menudo incapaces de conseguir nuevos empleos tan buenos como los que tenían antes. El hecho de que otros estén mejor es poco consuelo para ellos.

La explicación de Tamny de la forma en que funciona el mercado libre hace imposible aceptar esta objeción que acabo de dar. “En una economía libre, el capital se mueve hacia los emprendedores con talento ansiosos de conseguir oportunidades rentables. Innovaciones como el automóvil, la computadora y los servicios de venta en línea, destruyen trabajos, pero el proceso lleva a trabajos mejores y mejor pagados (…) para crear trabajos en abundancia, debemos permitir que el mercado libre los aniquile habitualmente”. Tamny reconoce que “el proceso de creación de empleo mediante destrucción de empleo nos hace angustiosa la pérdida de empleo. (…) pero ser despedido no es razón para desesperarse. A menudo viene algo bueno de perder tu empleo”. Los trabajadores, como los capitalistas, tienen que estar alerta ante nuevas oportunidades.

De una forma que muestra un gran ingenio, Tamny aplica lo dicho acerca de las empresas fracasadas a la crisis financiera de 2008. Según Ben Bernanke, Timothy Geithner y muchos otros, solo los rescates masivos de instituciones financieras en respuesta al colapso del mercado inmobiliario salvaron a la economía del desastre. Tamny invierte esta idea. Era esencial para el funcionamiento adecuado del mercado permitir que fracasaran las empresas que actuaron imprudentemente en el mercado. Si se hubiera hecho así, la economía se habría reajustado rápidamente. “Las sociedades capitalistas pueden recuperarse de todo. En particular, pueden recuperarse de quiebras bancarias que no exterminen capital humano o destruyan su infraestructura. Un gobierno que interfiera es la única barrera para cualquier reavivamiento de la sociedad y por eso la economía global se vino abajo en medio de toda la intervención pública en 2008”.

El oro, el dinero y el estado

Hasta aquí ha habido pocas razones para estar en desacuerdo con los principales argumentos del autor. Sin embargo, en teoría monetaria hace lo que me parece una afirmación incorrecta, pero, por fortuna, su principal receta política puede rescribirse de una forma mejor. Tamny reclama correctamente una moneda fuerte. Rechaza los intentos inflacionistas desencaminados  para reducir su balance comercial “desfavorable”. Tal y como apunta, un déficit comercial no es algo que haya que temer en absoluto. “Todo comercio se equilibra. ‘Déficits’ comerciales con productores cercanos y lejanos son las recompensas a la productividad de cada uno”.

Hasta aquí, bien, pero se equivoca cuando compara el dólar con una vara de medir que no debe cambiar. “Igual que el pie nunca es más largo o corto, el dinero no debe ser ni fuerte ni débil. El pie es una herramienta estandarizada para medir cosas reales y el dinero debería tener la misma constancia”. ¿Cuál es su argumento para esta opinión? Como señala, la gente quiere dinero, no por sí mismo, sino para comprar bienes y servicios. (Dejamos aparte unas pocas excepciones). Cree que a partir de este hecho, si el gobierno sigue la política apropiada, el valor del dinero puede mantenerse constante. Los precios relativos de bienes y servicios cambiarán para reflejar cambios en su oferta y demanda. El dinero puede por tanto servir como vara de medir, para permitir a la gente evaluar los cambios en los precios relativos. De esto no se deduce sin embargo que como el dinero se demanda como medio para conseguir otras cosas no haya una demanda independiente de dinero en absoluto. En el mercado libre, el dinero es un producto cuyo precio puede cambiar.

Pero incluso si Tamny se equivocara en este punto, podría salvarse su mensaje principal. Es completamente deseable que el producto monetario sea improbable que esté sometido a fluctuaciones sustanciales de precio. El patrón oro cumple abundantemente con este requisito y esto da a Tamny todo lo que quiere razonablemente. Hablar de varas de medir solo oscurece el consejo, como señaló Mises hace mucho tiempo. “Aunque sea habitual hablar del dinero como medida del valor y los precios, la idea es completamente falsa. Mientras se acepte la teoría subjetiva del valor, esta cuestión de la medición no puede plantearse”. (Mises, Teoría del dinero y del crédito, capítulo 2).

Las muchas ideas del libro exceden con mucho a la importancia de este desacuerdo acerca del dinero como medida de valor. Popular Economics es un gran libro que, si se leyera ampliamente, mejoraría mucho la comprensión del público de las verdades económicas ásicas.

 

Publicado originalmente el 30 de marzo de 2016. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

[Este artículo apareció en el número de marzo-abril de The Austrian]

5 estrategias para subir los precios sin que se resienta tu cartera de clientes

El precio del gasoil, el precio de las materias primas, el precio de la luz…últimamente, y junto a la palabra crisis, la palabra precio es una de las más mencionadas. La mayoría de las empresas se ven golpeadas por la situación macroeconómica y lo que es peor se ven forzadas a tomar una decisión, otra vez más, en lo que respecta a sus precios.

Precio, precio, precio…casi como una obsesión se aparece por todos lados y casi como un miedo nos vemos obligados a decidir sobre nuestros precios. Pero lo peor de todo es que quienes se ven realmente afectados por esta vorágine son los de siempre, los directores generales de todas las empresas, el cliente.

Jugar con los precios tiene una consecuencia directa y no es otra que jugar con la elasticidad de la demanda. A mayor precio menor demanda e viceversa…es la Biblia de los economistas…

¿Cómo jugar con los precios sin que tu demanda se vea afectada?

  1. Fidelidad:Ante un aumento de precios la mayoría de los clientes puede hacer varias cosas para evitar tener que consumir ese producto y si no es posible evitar su consumo, ejemplo del gasoil, tratarán de reducir al máximo ese gasto con multitud de peripecias: Cambiar coche por transporte público, reducir velocidad media, pasar del gasoleo premium al normal…

Por desgracia para ti, empresario, no puedes hacer gran cosa si ha llegado la hora de subir precios y seguro que escucharás quejas. ¿Que hacer? Pues por desgracia no mucho salvo tratar de premiar a los clientes fieles. En estos momentos son las promociones por volumen, por tipos de productos, por antigüedad y cosas del estilo las únicas que te ayudarán a manejar el malestar.

  1. Resegmentar:Por desgracia jugar con los precios siempre conlleva una disminución de la demanda por lo que ahora toca redefinir quienes son tus clientes y que es lo que desean para no perder cuota de mercado. Probablemente al volver a redefinir que es lo que compran tus clientes y que es lo que desearían comprar puedas encontrar nuevos productos que te ayuden a paliar esa disminución.
  2. Tamaños:Cuando compras un producto sueles pensar en el precio de tres formas distintas: el coste por unidad, el coste por paquete y el coste mensual. Psicológicamente, y en época de crisis, lo habitual es que la mayoría de los compradores se decidan por consumos de costes por unidad con la creencia de ahorrar en el momento de la compra, aunque no a la larga. Por ello reducir tamaños de los envases puede ser una buena forma para no reducir tu demanda.
  3. Desglose Precios:Para no confundir a los clientes solemos agrupar los precios por packs o por precio único. El menú del día en un restaurante tipo suele ser un buen ejemplo. Lo lógico es que el precio incluya platos, pan, bebida y café. Pues una forma de desglosar este precio acumulado sería desglosando el precio de acuerdo a platos y pan por un lado y bebida y café por el otro. La idea es que la subida del precio se perciba por unidad y no por el total y que los propios clientes decidan que es lo que quieren del pack y que no.
  4. Marca:En momentos complicados es donde la persuasión del branding juega un papel clave. Si tus clientes han de decidir entre tu marca y la de tu competidor ¿Por que deben elegir la tuya? ¿Cómo se lo vas a transmitir? ¿Cómo vas a lograr que te elijan?

Manejar los precios siempre es un tema escabroso y siempre tendrá consecuencias por lo que trata de anticiparte a ellos de la mejor forma posible.

 

http://www.apuntesgestion.com/b/5-estrategias-para-subir-los-precios-sin-que-se-resienta-tu-cartera-de-clientes/

La Grecia del Caribe Por: Andrés Velasco

NUEVA YORK – Hubo una época en la que se podría haber dicho que Puerto Rico, inmerso en una profunda crisis de la deuda, estaba retornando a sus raíces latinas. Después de todo, en su momento, los gobiernos latinoamericanos fueron los líderes mundiales del endeudamiento excesivo. Pero hoy día, la deuda pública de Estados Unidos es de alrededor del 100% de su PIB, y la ciudad de Detroit acaba de declararse en bancarrota. Quizás finalmente Puerto Rico esté tornándose más estadounidense.

 

O quizás se esté poniendo más europeo, dada la semejanza entre sus problemas de deuda y los de Grecia. Luego de que este último país adoptara el euro, pudo obtener créditos a una tasa de interés que no era mucho más alta de la que pagaban los países del norte de Europa, a pesar de que su política fiscal distaba enormemente de la de Alemania o de Finlandia. El resultado fue una masiva acumulación de deuda con el fin de financiar gastos corrientes en lugar de invertir.

 

A Puerto Rico – un territorio estadounidense – también se le ha permitido endeudarse demasiado durante demasiado tiempo. Los bonos que emite su gobierno están libres de impuestos en todo Estados Unidos, con lo cual son de especial interés para sus inversores, quienes los han adquirido con gran avidez pese a que la situación financiera de la isla corre cada vez más peligro. Por lo tanto, según informa Bloomberg, la deuda de Puerto Rico ­– más de US$ 70 mil millones – es más alta que la del gobierno de cualquiera de los estados de Estados Unidos, a excepción de California y Nueva York, mientras que su economía es más pequeña que la de Kansas.

Otra semejanza se relaciona con los precios relativos. Luego de haber renunciado a su dracma, Grecia ya no pudo devaluar para reducir el valor de los salarios nacionales en términos de moneda extranjera, y así fomentar las exportaciones. Con este rezago en la competitividad, el déficit comercial se disparó, al igual que el desempleo.

La difícil situación de Puerto Rico es similar, pero otra vez con un giro que la hace más grave. La moneda de la isla es el dólar de Estados Unidos, y el congreso de este país le ha impuesto a Puerto Rico el sueldo mínimo federal, a pesar de que su ingreso per cápita – como lo señala Anne Krueger – es de alrededor de la mitad del imperante en el estado más pobre de la nación del norte. La libertad que gozan los puertorriqueños de trasladarse a Estados Unidos no ha sido suficiente para evitar que el desempleo se haya transformado en un problema persistente: de alrededor del 11% con anterioridad a la crisis financiera de 2008, al 17% en 2010, su punto más alto, y por sobre el 12% recientemente.

Al igual que en el caso de Grecia, hay muchos culpables de por medio. Los críticos apuntan a instituciones presupuestarias débiles, contabilidad confusa y un populismo fiscal generalizado entre los políticos de la isla. Los orgullosos puertorriqueños responden que ha habido complicidad por parte de los bancos y de los fondos de cobertura estadounidenses, los que con gusto han acumulado la deuda de su nación. Las dos partes tienen razón.

Puerto Rico y sus líderes pueden aprender tres lecciones de importancia a partir de Grecia. Primero, es inútil pretender que se puede evitar la reducción de la deuda. Y llegado el momento, el recorte debe ser de tamaño suficiente para eliminar el sobre-endeudamiento y fomentar la inversión privada.

La Unión Europea titubeó durante años antes de reconocer que era necesario rebajar el monto

de los créditos otorgados a Grecia por el sector privado. Luego negoció un recorte que resultó insuficiente y terminó vacilando nuevamente – recurriendo a triquiñuelas contables para evitar una reducción en el valor de los créditos al sector público de Europa. La historia habría sido muy diferente si se hubiera reconocido desde el principio que era imprescindible reducir la deuda de manera sustancial.

Lo mismo sucede con Puerto Rico, excepto que – nuevamente – su situación es más complicada a causa de los caprichos de la legislación estadounidense. Puerto Rico no puede declararse en quiebra acogiéndose a lo dispuesto en el Chapter 9 del U.S. Bankruptcy Code [Código de Quiebras] (tampoco lo puede hacer ninguno de los 50 estados que conforman Estados Unidos). En 1984, el congreso aprobó una enmienda que también les niega a los municipios y entidades públicas puertorriqueñas acceso a la protección que brinda el Chapter 9 en relación a las bancarrotas.

En fecha reciente, Puerto Rico intentó aprobar una ley que tiene como modelo el Chapter 9 y que permitiría una reestructuración ordenada de la deuda de los municipios y de las entidades públicas. Pero los acreedores impugnaron este intento ante la justicia, y se supone que la Corte Suprema de Estados Unidos fallará sobre la materia antes de que finalice junio.

Por lo tanto, todavía no se sabe con exactitud cómo se llevará a cabo la reducción de la deuda en Puerto Rico. Pero no cabe duda de que sí habrá una reducción; y cuando ocurra, más vale que ella sea contundente.

La segunda lección es que las autoridades deben poner la política fiscal en una senda sostenible, y reconocer al mismo tiempo que la respuesta no reside exclusivamente en la austeridad. La economía de Puerto Rico se había estado contrayendo desde antes de la crisis, y los recortes de gastos y los aumentos de impuestos desde que la crisis estallara solamente han empeorado la situación. En vista de que la proporción entre su deuda y su PIB continúa aumentando, al mismo tiempo que la austeridad profundiza su recesión, Puerto Rico corre el riesgo de compartir el destino de Grecia.

A cambio de prestar ayuda, los congresistas republicanos amenazan con imponer en Puerto Rico una junta de control fiscal semejante a la que se estableció en 1995 para hacer frente a la crisis fiscal de Washington, D.C. Mala idea. Una solución semejante no sólo olería a colonialismo y sería políticamente insostenible, sino que además carecería de la flexibilidad necesaria para evitar una depresión en Puerto Rico y, al mismo tiempo, poder asegurarles a todos, entre ellos los inversores, de que en el futuro la política fiscal se mantendría prudente.

Una solución mucho mejor consistiría en establecer una regla de responsabilidad fiscal como la que se ha adoptado en países que van desde Nueva Zelanda, a Suecia, Colombia y Chile. La idea es mantener el gasto por debajo de lo que el gobierno pueda recaudar en impuestos al largo plazo (asegurando así la sustentabilidad), y permitir déficits cuando la economía opere por debajo de su potencial y la recaudación del fisco sea anormalmente baja (garantizando así la flexibilidad y contribuyendo a la estabilización macroeconómica).

En Chile, esta regla permitió que el gobierno repagara la deuda de modo gradual y eventualmente se convirtiera en un acreedor neto, al mismo tiempo que redujo la volatilidad de la inversión pública y el producto. No existe motivo por el cual una solución semejante no hubiera de funcionar en Puerto Rico.

La tercera lección que se desprende de Grecia es que no basta con ajustes de tipo macroeconómico; los países cuya deuda es muy alta también necesitan contar con una estrategia de crecimiento que sea creíble. Puerto Rico no constituye una excepción a lo anterior.

Durante mucho tiempo, la economía de dicha nación creció en base a los incentivos fiscales a las empresas. Pero a partir de 1996 el congreso de Estados Unidos eliminó esos incentivos, sin elaborar ningún plan de desarrollo. Por el contrario, Puerto Rico está trabado por una ley de principios del siglo XX que exige que todo el comercio con Estados Unidos se realice a través de onerosos barcos estadounidenses, lo cual aumenta sus gastos en transporte y socava su competitividad económica.

Todo esto tiene que cambiar. Puerto Rico no va a pagar su deuda – ni siquiera lo que le reste luego de su reducción – a menos de que su economía crezca. Los acreedores y legisladores estadounidenses deben aceptar esta realidad, y actuar de manera acorde.

 

Traducido del inglés por Ana María Velasco
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Tres preguntas clave que pueden ayudarte a resolver (casi) todos los problemas en la vida y en los negocios Por: Sydney Finkelstein*BBC Capital

Soy un gran fan de la simplicidad, tanto para las estrategias y la innovación como para la productividad personal.

En un mundo complejo, no sirve de nada hacer las cosas más difíciles de lo necesario.

Es tan fácil complicar las cosas… (incluso yo mismo lo hago).

Pero hay tres preguntas que utilizo en consultoría con ejecutivos que se pueden aplicar a todos los problemas con los que la gente se encuentra en los negocios y en la vida diaria.

A riesgo de repetirme severamente, creo que estas tres preguntas pueden ayudar a resolver cualquier problema.

No te fíes de mi palabra. Pruébalo tú mismo.

 

Piensa en cualquier problema que estés tratando de solucionar en este momento -un compañero de trabajo complicado, cambios en tu negocio provocados por la revolución digital o incluso, por ejemplo, la lucha por conseguir ponerte en forma- y hazte a ti mismo, honestamente, estas tres preguntas:

  1. ¿Realmente estás dispuesto a cambiar lo que has estado haciendo hasta ahora?

Es imposible que consigas lograr nada hasta que respondas “Sí” a esta pregunta.

No hay nada que pueda reemplazar el coraje de decir ‘sí'”

De lo contrario, todo queda en palabras.

Piénsalo. Las empresas que tienen dificultades para adaptarse a las condiciones cambiantes de los negocios se quedan estancadas, prácticamente solas, cerradas al cambio.

Esto no significa que las empresas no puedan cambiar, sino que no están dispuestas a hacerlo.

Las compañías de taxis del mundo entero se negaron a ofrecer un mejor servicio a un precio menor, y por eso Uber y otras empresas emergieron y se llevaron parte de su negocio.

¿Y qué hay de tu propia vida? ¿Ese colega que es, de por sí, poco colaborador? Continuará siéndolo hasta que tenga una razón para no hacerlo.

¿Estás preparado para enfrentarte a él? Si trabaja para ti, ¿estás preparado para reasignarlo o despedirlo si fuera necesario?

Podría tomarte mucho trabajo, pero si no estás dispuesto a hacerlo, entonces no te quejes.

¿Y la compañía que está atrapada en un mundo analógico cuando todo a su alrededor es digital?

Piensa en Facebook: el gigante social estuvo dispuesto a cambiar de escritorio a móviles, y ahora el 80% de sus ingresos proviene de celulares.

Hay muchas razones por las cuales las empresas no cambian, enfrentándose a un gran desafío, pero yo diría que su poca disposición a hacerlo está entre las primeras de la lista.

A estas alturas, ya te será fácil atar cabos con otro ejemplo que te propongo: el desafío de mejorar tu condición física.

A pesar de todas las excusas que solemos utilizar -estamos demasiado ocupados, en realidad no tenemos ningún problema o ya lo haremos más tarde- la razón por la que elegimos no ir al gimnasio o seguir una dieta más saludable es porque, en realidad, no queremos.

Todos nosotros -tanto individuos como empresas- podríamos gozar de una mejor salud personal y corporativa si estuviéramos dispuestos a reconocer las cosas que podemos mejorar y si tuviéramos las agallas de hacer algo al respecto.

No hay nada que pueda reemplazar el coraje de decir “sí”.

  1. ¿Puedes pensar en una mejor estrategia o idea que el status quo?

Incluso si estás dispuesto a cambiar, necesitas encontrar una solución a tu problema.

En algunos casos, es bastante sencillo.

Estar más sano por haber mejorado tu dieta y hacer más ejercicio no es precisamente un secreto o una solución revolucionaria.

Pero otras veces es más difícil.

Las empresas pueden disponer de sus ejércitos de consultores para ayudarles a dar con soluciones a sus problemas, pero la idea anticuada de esperar que a ti y a tu equipo se les ocurran las ideas no es del todo descabellada.

Pongamos Blockbuster o Netflix como ejemplos.

Hace tiempo que estaba claro que las descargas digitales se convertirían en la mejor solución para la mayoría de la gente, en lugar de ir a la tienda de DVDs del barrio.

Y que serían en una solución más beneficiosa para las empresas que fueran capaces de proporcionar ese servicio.

Blockbuster tenía opciones: comprar Netflix cuando todavía era un negocio pequeño y dirigirlo como una entidad independiente, crear su propio “Netflix” y hacer lo que siempre habían hecho para quienes todavía preferían navegar entre los estantes de sus tiendas… O lo menos inteligente, quedarse como estaban.

Al final, cuando era demasiado tarde, Blockbuster intentó crear su propia versión de Netflix, pero colapsó bajo el peso del cambio.

La cuestión es que cuando tienes la mente abierta, eres curioso y creativo, tienes varias opciones.

  1. ¿Puedes ejecutar la solución elegida?

Aquí es cuando llega el momento de la verdad.

No importa cuán fantástica sea tu idea estratégica; si no puedes ejecutarla, estás perdido.

Así es como debería ser, por supuesto, pero eso no lo hace más sencillo.

Blockbuster creó una pequeña unidad diseñada para replicar Netflix, pero esta murió pronto en una cultura corporativa que sólo conocía un modelo de negocio.

Tratar con ese colega complicado requiere valor y un buen plan de acción, y tienes que mantener esa difícil conversación.

O debes convencer a los demás para trasladar a la persona problemática a otro lugar donde pueda aportar más valor y causar menos daño.

O tienes que iniciar un proceso normalmente largo para documentar el motivo de despido.

Y todo esto es un trabajo duro.

Incluso ir al gimnasio y comer de forma más saludable no sucede por sí mismo.

Tal vez necesites un entrenador personal para mantenerte motivado (y elevar el nivel de vergüenza si lo dejas o la tensión financiera si tienes que pagar por una clase de entrenamiento a la que no fuiste).

Si no cuentas con la disciplina personal para no caer en la tentación de esas maravillosas papas fritas, hay toda una industria que surgió para ayudarte a ejecutar tu estrategia de comida saludable: clubes de dieta, programas dietéticos y montones de aplicaciones.

No pretendo subestimar la dificultad de responder, con acciones, a estas preguntas.

Cada paso del camino es un reto, desde tener el coraje de cambiar y desarrollar creativamente una nueva forma de hacer las cosas, hasta hacer que sucedan de verdad.

Pero estas tres preguntas siempre estarán en el centro de cualquier solución.

Lograr algo mejor como individuo o como empresa es posible. No tiene que ser tan confuso o abrumador.

Si lo piensas realmente, tienes todo lo que necesitas para resolver tus problemas.

Sydney Finkelstein es director del Centro de Liderazgo de la Escuela de Negocios Tuck, en el Dartmouth College. Su nuevo libro es “Superbosses: How Exceptional Leaders Manage the Flow of Talent” (Superjefes: cómo los líderes excepcionales gestionan el flujo del talento).

 

El comercio es la actividad más afectada por el terremoto Por: Mónica Orozco

El terremoto en Manabí deja sus mayores secuelas en tres actividades económicas: comercio, el turismo y en los pequeños camaroneros, mientras que las grandes industrias se mantienen sólidas. La economía de Manabí se caracteriza por la inversión inmobiliaria, así como por la actividad de pescadores (atuneros básicamente), camaroneros, comerciantes y negocios turísticos.
El camaronero Amilcar Ambrogi dice que es un sobreviviente de los terremotos. Vivió el sismo en Bahía de Caráquez en 1998, otro en México y otro en Filipinas, pero el que estremeció a su propiedad ubicada en Pedernales el 16 de abril pasado fue el peor de todos. 
Grandes zanjas bloquean los caminos de ingreso a sus siete piscinas camaroneras, que registran daños en paredes, bombas y canales. Él perdió dos piscinas donde había invertido USD 20 000 y en el resto hay daños. 
El sector camaronero calculó inicialmente pérdidas de USD 30 millones solo en Pedernales. El país exporta 60 millones de libras de camarón al mes y Manabí aporta con unos 5 millones de libras.
 La pesca del crustáceo está paralizada y los camaroneros calculan que tomará por lo menos nueve meses la recuperación de áreas afectadas.
El terremoto también apagó a los dos pulmones comerciales de la provincia, Tarqui y Portoviejo. El comercio es la segunda actividad en importancia de Manabí, provincia que aporta con el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Solo en Tarqui hay 2 000 comerciantes perjudicados. 
Ramón Moreira tenía un local de venta de zapatos, ropa y útiles escolares en la zona de Tarqui. Con el terremoto, perdió su casa y la mercadería, cuenta entre lágrimas. 
La situación financiera de este sector es crítica porque, además de deudas con proveedores y bancos, una buena parte de los comerciantes le debe al chulco, explica Lucía Fernández de Genna, presidenta de la Federación de Cámaras de Comercio de Manabí.
 Tras la tragedia, los comerciantes piden ser reubicados para reiniciar sus actividades. “Vivimos de la venta diaria. Pertenecemos al sector del pequeño emprendedor, de la venta hormiga”, reclama José Sornoza. El tenía un bazar en una vivienda ubicada en la zona cero del desastre, en pleno centro Tarqui. 
La banca privada anunció una reestructuración de deudas y un diferimiento de los cobros. Pero Fernández de Genna solicita que las deudas se difieran al menos un año.
 Los pequeños comerciantes también piden que los proveedores acepten la mercadería que lograron rescatar. En Manabí, el comercio mueve unos USD 300 millones al año. De estas zonas, 15 000 familias obtienen sus ingresos económicos.
En el eje industrial Manta-Montecristi-Jaramijó existen unas 16 empresas atuneras y unas cinco de pesca fresca, que no se han visto afectadas por el siniestro ocurrido la semana pasada. Estas empresas son la esperanza para reactivar al cantón, pues son las que compran la producción a los pequeños pescadores. El 70 % de la pesca en Manta es artesanal.
El turístico es otro sector golpeado por el terremoto del 16 de abril. En Pedernales el 90% de la infraestructura hotelera se destruyó. 
José Luis Campuzano, presidente de la Cámara de Comercio de este cantón, explica que las artesanías son la principal actividad comercial de esta zona. El sombrero de paja toquilla es uno de los principales productos que se elaboran en este lugar. En Montecristi existen 1 500 artesanos. 
En el 2015, esta actividad generó unos USD 3 millones para la economía manabita. Pero debido al terremoto del sábado pasado, las ventas de artesanías bajaron un 40%, dice Campuzano.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:http://www.elcomercio.com/actualidad/comercio-actividad-afectada-terremoto.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

Una lógica progresista para el comercio internacional Por: Dani Rodrik .

CAMBRIDGE – El sistema de comercio internacional nunca fue muy bien visto en Estados Unidos. Ni la Organización Mundial del Comercio ni los numerosos tratados comerciales regionales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y el Acuerdo Transpacífico (ATP), han tenido mucho apoyo de la opinión pública. Pero la oposición, aunque amplia, era difusa.

La diferencia hoy es que el comercio internacional está en el centro del debate político. Dos precandidatos a la presidencia de los Estados Unidos, Bernie Sanders y Donald Trump, han hecho de la oposición a esos acuerdos un elemento fundamental de sus campañas. Y a juzgar por el tono de los otros precandidatos, defender la globalización en el clima político actual equivale a un suicidio electoral.

Tal vez la retórica populista en relación con el tema sea excesiva, pero ya pocos niegan que el malestar subyacente es real. La globalización no benefició a todos por igual. El impacto de las importaciones baratas venidas de China y otros países arruinó a muchas familias de clase trabajadora, mientras se beneficiaban los financistas y los profesionales capacitados que pueden aprovechar el acceso a mercados ampliados. Si bien la globalización no fue el único factor (ni el más importante) del aumento de desigualdad en las economías avanzadas, su contribución es innegable.

Lo que da al comercio internacional tanta relevancia política es que plantea cuestiones de equidad que el otro gran factor de desigualdad (la tecnología) no genera. Si pierdo mi empleo porque un competidor innova y presenta un producto mejor, mal puedo quejarme. Pero si ese competidor subcontrata mano de obra a empresas extranjeras que hacen cosas que en mi país serían ilegales (por ejemplo, impedir a sus trabajadores organizarse y negociar en forma colectiva), tengo motivos reales para protestar.

Sanders es un ferviente promotor de una renegociación de los tratados comerciales que refleje mejor los intereses de los trabajadores. Pero argumentos como los suyos chocan enseguida con la objeción de que una moratoria o anulación de los tratados de libre comercio perjudicaría a los más pobres del mundo, al disminuir sus posibilidades de salir de la pobreza gracias al crecimiento impulsado por las exportaciones. Un titular de Vox.com, un sitio web de noticias muy popular y normalmente moderado, señaló que “para los pobres de otros países, esto es lo más preocupante que dijo Bernie Sanders”.

Pero fijar reglas de comercio internacional más atentas a las inquietudes sociales y distributivas de los países avanzados no es necesariamente incompatible con el crecimiento económico de los países pobres. Presentar la cuestión como una disyuntiva entre tratados comerciales y pobreza mundial es hacerle un flaco favor a la causa de los entusiastas de la globalización, y encierra a los progresistas en un dilema innecesario.

En primer lugar, el discurso tradicional sobre los beneficios del comercio internacional para las economías en desarrollo omite un aspecto crucial. Los países que consiguieron sacar provecho de la globalización, como China y Vietnam, emplearon una estrategia que combinó la promoción de las exportaciones con una variedad de políticas contrarias a las normas actuales del comercio internacional. Para crear nuevas industrias de valor agregado en esos países fue esencial la aplicación de subsidios, normas de contenido local mínimo, regulación de la inversión y, a menudo, también barreras a las importaciones. Los países que confiaron exclusivamente en el libre comercio (el primer ejemplo que viene a la mente es México) se estancaron.

Por eso, poner restricciones al comercio internacional no es necesariamente perjudicial para los países en desarrollo. China no hubiera podido mantener su increíblemente exitosa estrategia de industrialización siguiendo normas como las de la OMC durante los ochenta y los noventa. A Vietnam, el ATP le da ciertas garantías de acceso continuo al mercado en Estados Unidos (que ya tiene bastante bajas sus barreras), pero a cambio de aceptar restricciones referidas a políticas de subsidios, propiedad intelectual y regulación de la inversión.

En segundo lugar, no hay antecedentes históricos que sugieran que los países pobres necesitan una anulación o gran disminución de barreras comerciales en las economías avanzadas para obtener grandes ventajas de la globalización. En realidad, las experiencias de crecimiento exportador más espectaculares hasta la fecha (Japón, Corea del Sur, Taiwán y China) se dieron todas en momentos en que los aranceles a las importaciones en Estados Unidos y Europa estaban en niveles moderados, superiores a los de la actualidad.

De modo que para los progresistas que se preocupan al mismo tiempo por la desigualdad en los países ricos y la pobreza en el resto del mundo, hay una buena noticia: se puede avanzar en ambos frentes. Pero eso demanda transformar drásticamente nuestra visión de los tratados comerciales.

El sistema de comercio internacional hoy se basa en una extraña lógica mercantilista: ustedes reducen sus barreras y a cambio nosotros reducimos las nuestras. Esta estrategia ha sido notablemente exitosa para promover la expansión de los intercambios comerciales, pero tiene escaso sustento económico. Ahora que ya hay una gran apertura de la economía mundial, este “intercambio de acceso a los mercados” causa más problemas de los que resuelve.

Es hora de adoptar una lógica diferente, la del “intercambio de espacio de políticas”. Los países pobres y los ricos por igual necesitan hacerse margen para lograr sus objetivos respectivos. Los primeros deben reestructurar sus economías y promover nuevas industrias, y los segundos deben resolver problemas locales de desigualdad y justicia distributiva. Para esto habrá que ponerle algunas trabas a la globalización.

El mejor modo de lograr esta reingeniería institucional sería volver a escribir las normas multilaterales. Por ejemplo, la cláusula de “salvaguardas” de la OMC se podría ampliar para permitir la imposición de restricciones comerciales (con sujeción a normas procedimentales) en aquellos casos en que pueda demostrarse un conflicto entre las importaciones y las normas sociales locales (doy más detalles en mi libro La paradoja de la globalización). Asimismo, los tratados comerciales podrían incorporar un “margen de desarrollo” que dé a los países pobres la autonomía necesaria para buscar la diversificación económica.

Los progresistas no deben creerse un discurso falso y contraproducente que enfrenta los intereses de los pobres del mundo con los de las clases bajas y medias de los países ricos. Con suficiente imaginación institucional, el sistema de comercio internacional puede reformarse para beneficio de ambas partes.

DANI RODRIK

Dani Rodrik is Professor of International Political Economy at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government. He is the author of The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economyand, most recently, Economics Rules: The Rights and Wrongs of the Dismal Science

Traducción: Esteban Flamini

 

El trágico retro de la matriz productiva Por: Vicente Albornoz Guarderas

¿Cómo se podría medir el cambio en la estructura productiva del país? En serio: ¿qué dato se podría usar para estimar la velocidad con la que la economía ha ido caminando hacia una mayor diversificación y hacia la producción de bienes elaborados, con mayor valor agregado? En este tipo de cosas no hay absolutos, pero propongo medir ese avance con base en la evolución del siguiente dato: “las exportaciones industrializadas no tradicionales”.
 Estas exportaciones, como su nombre lo indica, son productos elaborados. Pueden ser concentrados de frutas, baldosas o vehículos, lo importante es que tengan algún nivel de elaboración.
Pero, además, tienen que ser productos no tradicionales. Exportar café tostado está muy bien, pero es algo que ya se lo hacía hace 50 años, por lo tanto no es una gran innovación. De manera que el crecimiento de las “exportaciones industrializadas no tradicionales” parece un buen indicador de cómo ha evolucionado la estructura productiva del país. Además, si somos capaces de exportar algo, significa que somos competitivos a nivel internacional y que no se trata de alguna industria que vive artificialmente gracias al proteccionismo.
Entonces, veamos la evolución de las mencionadas exportaciones. Hace 25 años, el Ecuador exportaba pocas manufacturas no tradicionales: en 1990, eran sólo 147 millones de dólares. Pero el proceso de apertura comercial de esos años logró que nuestra estructura productiva cambiara y empezamos a exportar cosas que nunca antes habíamos vendido a otros países. Y de esa manera nuestras “exportaciones manufacturadas no tradicionales” crecieron a un promedio de 18% anual hasta el 2008.
 Un país que logra sostener durante 18 años una tasa de crecimiento tan alta de exportaciones diferentes a las de su pasado, es porque está pasando por un proceso de transformación estructural. Y eso no es nada despreciable, al contrario, es un gran mérito de ese país. Lo bueno es que ese país éramos nosotros.
 Lo malo es que el verbo “éramos” está conjugado en pasado. Porque, si bien entre 2008 y 2012 esas exportaciones siguieron creciendo (aunque más lentamente, al 6% anual), desde el 2012 empezaron a caer. Y para el 2015 se ubicaron casi en el mismo nivel del año 2008.
 En otras palabras, la evolución hacia un país con una producción más diversificada y con mayor valor agregado empezó a revertirse. Algo que en los 18 años entre 1990 y 2008 avanzó rápidamente y entre 2008 y 2012, aunque lentamente, siguió avanzando; desde el año 2012 está en retro.
 ¿A qué se debe ese retroceso, luego de tantos buenos años? Pues a demasiadas regulaciones, al desdén por la producción y al desprecio por el ahorro en un país que cada año se volvió más caro. Y no, no fue la dolarización, porque hasta el 2008 crecimos rápido y hasta el 2012 seguimos creciendo.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:http://www.elcomercio.com/opinion/tragico-retro-matriz-productiva.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

Desempleo en Ecuador se ubica en el 5,7%, dice el INEC

El Instituto Nacional de Estadística y Censos(INEC) informó esta mañana las cifras del mercado laboral del Ecuador. La institución publicó que en el tercer mes del 2016, Ecuador registró una tasa de desempleo nacional de 5,7%. Esto significa que en el país existen 448.990 desempleados. La cifra es mayor en casi un punto en comparación con la de diciembre pasado que fue de 4.8% (357.892 desempleados) y en 1,8 puntos en comparación a marzo del 2015 cuando esa tasa estaba en 3,8% (282.967 personas sin empleo).

De acuerdo con el INEC, el factor determinante para explicar la tasa actual de desempleo es el incremento de la tasa de participación laboral (esto es una mayor población en edad de trabajar, interesada en conseguir un trabajo, es decir una mayor oferta laboral). A marzo de 2016, esta tasa se ubicó en 68,6%.

Según la última Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (Enemdu), las cifras de pobreza se mantienen estables en Ecuador. En marzo de 2016, la pobreza llegó a 25,4% lo cual no representa un cambio estadísticamente significativo con respecto a lo registrado en el mismo mes, del año anterior, dijo el Instituto.

El subempleo -personas ocupadas que reciben ingresos inferiores al salario básico, y/o trabajaron menos de la jornada legal, pero tienen el deseo y disponibilidad de trabajar más- se ubicó en 17,1%. (I)

 

¿Metas insostenibles para el desarrollo?

Entre 2000 y 2015, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) enfocaron mentes y presupuestos en la pobreza mundial, impulsando significativamente las perspectivas para los habitantes de algunos de los países más pobres del mundo. El nuevo conjunto de metas mundiales, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), procura aprovechar esos avances, no solo para erradicar la pobreza, sino también para atender varios desafíos adicionales, como ampliar el acceso a la educación y proteger el medioambiente, pero esta vez enfrentan importantes vientos en contra.

Eventos geopolíticos recientes, como la crisis de los refugiados de Oriente Medio, están complicando los presupuestos y las agendas de los gobiernos. Y los precios de las materias primas y las inversiones de las economías emergentes, factores que reforzaron los avances en pos de los ODM, están cayendo en picada. Sin innovación audaz, la nueva agenda para el desarrollo distará de ser sostenible.

 

Al momento, los presupuestos de asistencia de los mayores donantes están siendo reasignados subrepticiamente. En la mayoría de los países donantes la ayuda está siendo redirigida para contener el flujo de refugiados de Oriente Medio (especialmente de Siria). La crisis de los refugiados también ha modificado las prioridades internas. En Suecia, aproximadamente el 30 % del presupuesto de asistencia se está destinando ahora a cuidar a los refugiados inmigrantes; en Suiza, la asignación comparable es del 20%.

 

 

Otros fondos de asistencia de los principales donantes están siendo reasignados a la seguridad, redistribuidos para la adaptación al cambio climático y su mitigación, y comprometidos con otras metas nacionales. En el Reino Unido, por ejemplo, se dio un desplazamiento hacia la asignación de recursos a prioridades más claramente vinculadas con «el interés nacional» en una nueva estrategia de asistencia en 2015.

 

Al igual que para las economías emergentes, los nuevos flujos de ayuda no parecen tan promisorios como hace cinco años. Según una estimación, la asistencia china pasó de 630 millones de USD en 2000 a 14 400 millones en el período 2010-2012, pero la continua desaceleración de ese país probablemente augure una merma en los presupuestos de asistencia. Y no es de suponer que otras economías emergentes cubran esa brecha. Brasil, aclamado en 2010 como un «jugador emergente en términos de asistencia» sufre ahora una crisis económica y política, al igual que Sudáfrica.

 

A estos desafíos para los países en desarrollo se suman las nuevas regulaciones financieras en los países avanzados, que limitan los flujos de inversión y financiamiento hacia el mundo en desarrollo. Los ingresos de las economías en desarrollo se ven aún más debilitados por la desaceleración de la demanda global y el crack de las materias primas que, como demostró el premio nobel Angus Deaton, han resultado desastrosas para la mayor parte del mundo en desarrollo. Para colmo de males, las políticas monetarias expansivas adoptadas por las principales economías alientan la inestabilidad.

En este difícil contexto, alcanzar los ODS —que son ambiciosos incluso para el mejor de los momentos— requerirá un esfuerzo monumental. Para maximizar las probabilidades de éxito será necesario, en primer lugar, que cada dólar canalizado hacia el desarrollo se use de la manera más eficiente posible. Esto implica repensar la forma en que se hace llegar la asistencia y hacer algunas preguntas difíciles a la intrincada red de agencias internacionales que se ocupa de ello, en particular sobre la eficiencia de sus operaciones.

 

Consideremos el Programa Mundial de Alimentos (PMA), que anunció en julio de 2015 que no tenía más opción que reducir la asistencia a los refugiados sirios en Jordania y Líbano, una decisión que corrió el riesgo de dejar a 440 000 refugiados sin comida, alentando así una cantidad todavía mayor de viajes peligrosos a través del Mediterráneo. Esta decisión refleja en parte los inadecuados flujos de asistencia, aunque también puede deberse a los costos de las propias operaciones del PMA. Una revisión por la OCDE del PMA señala que los «elevados costos de logística» y «problemas en el uso de licitaciones internacionales» son problemas que afectan su eficiencia.

 

Aunque nadie ha ofrecido una comparación directa de la relación entre los beneficios y la inversión del PMA y otros proveedores de asistencia, algunas organizaciones son extremadamente eficientes. BRAC, una organización bangladesí para el desarrollo, conocida como «la ONG más grande del mundo», parece capaz de entregar ayuda por una fracción del costo de las organizaciones internacionales bajo dominio de Occidente.

 

Como señaló el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido al presentar su justificación de una asociación estratégica con esa organización, BRAC innova para responder más eficazmente a las necesidades específicas de los pobres. Por ejemplo, fue pionera en el uso de tecnología móvil celular para la atención de la salud y abogó por la provisión de efectivo (o activos que generen ingresos) a quienes sufren la pobreza extrema.

 

Las transferencias de efectivo son un caso interesante. La idea de dar dinero a quienes más lo necesitan es obvia y poderosa, pero durante mucho tiempo se ha enfrentado a una creencia victoriana: que los pobres son imprevisores y probablemente gastarán el dinero en alcohol, tabaco y juego.

 

Sin embargo, no fue ese el caso en México cuando familias pobres recibieron transferencias de efectivo. En lugar de ello, sus hijos terminaron tan bien nutridos y saludables como quienes dependían de un programa de alimentos cuya administración costaba un 20 % más. Se han logrado resultados similares en Ecuador, India y Uganda, así como en programas internacionales de asistencia humanitaria. Y un estudio en Zimbabue mostró que, cuando los pobres usan el efectivo recibido para comprar bienes y servicios a otros miembros de sus comunidades, también generan más ingresos para los demás.

 

Por supuesto, no se puede reemplazar toda la asistencia con transferencias de efectivo, pero en algunos casos, ese enfoque ofrece la oportunidad de lograr enormes mejoras en la eficiencia respecto de la asistencia entregada a través de instituciones complejas y costosas. Imaginen qué implicaría eliminar los costos del diseño de complejos programas, condiciones, sistemas de monitoreo y esquemas de capacitación para los pobres. Imaginen un PMA que ya no deba ocuparse de la logística, la adquisición, el almacenamiento y la distribución de 3,2 millones de toneladas métricas de alimentos (y que necesita 120 días para hacer llegar la comida a los países receptores). El PMA informa que está aumentando su uso del efectivo y las transferencias con vales; tal vez haya que presionarlo para que justifique las acciones adicionales y comparar sus costos administrativos para la entrega del efectivo con los de BRAC.

 

En un entorno económico y geopolítico mundial desafiante, cumplir los ODS solo será posible si aprovechamos al máximo cada dólar multilateral para el desarrollo. Para eso, tal vez sea necesario entregar más dólares directamente a quienes los necesitan.

 

Tomado de: Project Syndicate

 

En un año en Ecuador hubo 166.023 más desempleados

El número de desempleados de Ecuador pasó de 282.967 a 448.990 entre marzo de 2015 y marzo de 2016. Se trata de un incremento de 166.023 personas en un año. Esta realidad se traduce en una tasa de 5,7%; mayor a la de 2015 que fue de 3,8%. A diciembre de 2015, el desempleo fue de 4,77%, según cifras del mercado laboral que ayer publicó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Ecuador registró a final de año una serie de despidos en varias empresas y en sectores como la construcción y el petrolero. Sin embargo, de acuerdo con el INEC, el mayor factor que ha influenciado en este resultado es la mayor oferta de trabajo por el incremento de la tasa de participación laboral.

Para analistas, los datos reflejan la desaceleración de la economía que ha llevado a que empresas despidan a sus empleados. Jaime Carrera, director ejecutivo del Observatorio de la Política Fiscal, dice que el deterioro de los niveles de empleo se da por un menor crecimiento de la economía y la desconfianza para la inversión.

Marcos López, exdirector del Banco Central, explica que la caída del petróleo ha desnudado lo ‘poco eficiente’ que fue el Estado en administrar los recursos de la bonanza petrolera, así como supuestas deficiencias del modelo económico, en el cual la economía depende del gasto público. Y cuando este baja, la economía se contrae.

Los datos del INEC también muestran que la afectación al empleo se ha registrado de manera mucho más directa en el sector urbano. Así, este índice pasó de 4,8% a 7,4% entre marzo de 2015 y marzo de 2016. Uno de los sectores más perjudicados ha sido el de las mujeres. El desempleo femenino pasó de 4,9% a 7,4%; el de varones tuvo una subida de 3,1% a 4,4%. Según el INEC, esta diferencia entre el empleo visto desde la mirada de género sí representa una diferencia significativa.

Para Carrera, el mayor nivel de desempleo en las ciudades se explica porque justamente las actividades económicas como construcción y comercio están desaceleradas, comenta.

En cuanto al desempleo femenino, considera que lamentablemente existe una brecha de oportunidades que afecta a las mujeres. Cree que un grupo que pudo tener problemas por el ajuste de la economía es el de las empleadas domésticas