Desempleo subiría a 9,2% en América Latina en 2017, según Cepal-OIT

Santiago –

El desempleo en América Latina y el Caribe volverá a aumentar en 2017 a 9,2%, debido a que el modesto crecimiento económico proyectado para este año no será suficiente para contrarrestar las condiciones de debilidad del mercado laboral, según un informe de la Cepal y la OIT.

La tasa de desocupación crecerá 0,3 punto porcentual desde el 8,9% registrado en 2016, con un aumento de 1,6 PP frente al año previo, el mayor incremento anual en más de dos décadas, tras la profundización de la crisis económica en el segundo año de contracción del producto interno bruto (PIB) regional, según el reporte de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En 2015, el desempleo alcanzó a 7,3% de la fuerza laboral.

Aunque la cifra de 2016 estuvo impactada fundamentalmente por el desempeño del mercado laboral brasileño -la mayor economía de la región, cuyo PIB cayó 3,5% el año previo- la mayoría de los países de América Latina presentaron deteriores en el empleo.

“En vista del modesto crecimiento económico regional de 1,1% que Cepal y OIT estiman para el presente año, es muy probable que se mantengan las condiciones de debilidad del mercado laboral en 2017, particularmente en lo que se refiere a la creación de nuevos trabajos y a las características de los empleos existentes y futuros”, señaló el comunicado conjunto.

Especial impacto provocará “la debilidad de la generación de empleo asalariado que incidiría en que la tasa de ocupación (proporción de la población en edad de trabajar que se encuentra ocupada) volvería a caer” durante 2017.

“Las tendencias laborales recientes son altamente preocupantes”, advirtieron Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de Cepal, y José Manuel Salazar, director regional de la OIT.

El informe reconoce también un incremento del trabajo por cuenta propia, que en este contexto se caracteriza por ingresos bajos e inestables, afectando sobre todo a mujeres y jóvenes de bajo nivel de educación e inmigrantes.

“Se constata un deterioro de la calidad del empleo a causa de la concentración de los nuevos puestos de trabajo en categorías de ocupación caracterizadas por condiciones laborales precarias y aumentos salariales más bajos”, alerta el reporte.

Tomado de:

http://www.eluniverso.com/noticias/2017/05/11/nota/6178372/desempleo-subiria-92-america-latina-2017-segun-cepal

 

 

El decepcionante primer año de Macri en Argentina Por: Martín Guzmán

NUEVA YORK – La economía argentina atraviesa por dificultades. El año pasado, el país sufrió una estanflación, con una caída del PIB del 2,3% y una inflación que se acercaba al 40%. Aumentó la pobreza y la desigualdad; aumentó el desempleo; y, la deuda externa creció –  y continúa creciendo – a un ritmo alarmante. Para el presidente Mauricio Macri fue un descorazonador primer año en el cargo, por decir lo menos.

Sin duda, Macri se enfrentó a un desafío de enormes proporciones cuando asumió el cargo en diciembre del año 2015. La economía ya estaba en un camino insostenible, debido a las políticas macroeconómicas inconsistentes que había seguido su predecesora, Cristina Fernández de Kirchner. Esas políticas llevaron a desequilibrios que erosionaron la competitividad de la economía y las reservas de divisas, empujando al país hacia una crisis de la balanza de pagos.

Pero Macri también fue tras la aplicación de un enfoque de política macroeconómica defectuoso. Su administración tenía que abordar los desequilibrios fiscales y externos, sin echar por la borda los progresos en inclusión social realizados a lo largo de la  década anterior. Su enfoque, que se basa en cuatro pilares clave, no logró lo antedicho.

En primer lugar, el gobierno de Macri abolió los controles cambiarios y llevó a Argentina a un régimen de moneda flotante, con lo que se permitió que el peso argentino se deprecie  en un 60% frente al dólar estadounidense en el año 2016. En segundo lugar, el gobierno de Macri redujo los impuestos a las exportaciones de los productos básicos, mismos que habían sido importantes para el gobierno de Kirchner, y eliminó una serie de controles de importación. En tercer lugar, el Banco Central de la República Argentina anunció que seguiría un régimen de metas de inflación, en lugar de seguir dependiendo principalmente del señoreaje para financiar el déficit fiscal.

Y, por último, el gobierno de Macri llegó a un acuerdo con los denominados fondos buitres y otros acreedores que durante más de una década habían bloqueado el acceso del país a los mercados de crédito internacionales. Una vez que se arribó al acuerdo, Argentina fue tras nuevos y masivos préstamos externos, con la emisión de deuda  más grande del mundo emergente, con el propósito de ayudar a resolver su considerable déficit fiscal. En aras de reducir sus costos de endeudamiento, las autoridades emitieron la nueva deuda bajo la ley de Nueva York, a pesar de la costosa batalla que el país acababa de perder precisamente porque  se había prestado bajo ese mismo marco jurídico.

El enfoque de política macroeconómica de Macri – que también incluyó el aumento de los precios de los servicios públicos congelados por el gobierno anterior y la implementación de un programa de amnistía fiscal que proporcionó al gobierno más ingresos fiscales – se basó en varios supuestos controvertidos. Sobre todo, se suponía que el cambio radical en el curso de la política debía establecer las condiciones para un crecimiento dinámico.

Se suponía que la depreciación de la moneda se ocuparía de los desequilibrios externos al fomentar, con la ayuda de impuestos a la exportación más bajos, el aumento de la producción de bienes transables. El acuerdo con los fondos buitre debía reducir el costo de financiamiento y aumentar la confianza de los inversores, de tal modo que se pueda atraer la entrada de flujos de inversión extranjera directa (IED). Se suponía que un crecimiento liderado por las inversiones ayudaría a toda la economía.

Estos supuestos no fueron comprobados como ciertos. Contrariamente a las expectativas del gobierno, la depreciación del peso tuvo un gran impacto en los precios al consumidor – tal como los críticos habían advertido. Esto redujo el poder adquisitivo de los hogares y debilitó la demanda agregada, al mismo tiempo que disminuyó el impacto global de la devaluación sobre la competitividad externa del país.

Tampoco hay muchas posibilidades de que el nuevo enfoque del banco central con respecto a la inflación vaya a ayudar a la situación, debido a que debilitará la actividad económica y exacerbará el sufrimiento por el que atraviesan los más vulnerables, para quienes el desempleo puede acarrear peores consecuencias que los precios en aumento.

Además, el déficit fiscal de la Argentina se ha incrementado por la caída de los ingresos generada por la recesión. Y, no entraron flujos significativos de inversión extranjera directa debido a que, tal como los críticos de Macri habían advertido, la incertidumbre que rodeaba a sus políticas desalentó las inversiones.

El Gobierno hizo una cosa bien: dio un nuevo inicio al Instituto Nacional de Estadística y Censos, que había perdido credibilidad después de las intervenciones por la anterior administración. Pero la situación general sigue siendo sombría. Al final del primer año de mandato de Macri, Argentina enfrentaba los mismos desequilibrios macroeconómicos que tuvo que enfrentar cuando asumió el cargo, pero con un endeudamiento externo significativamente más alto.

Además, la ira popular está llegando a un punto álgido, debido a que, en los hechos, las políticas de Macri hicieron que la redistribución de la riqueza ya no llegara a los trabajadores. Las manifestaciones de protesta abundan, incluso causaron que el retraso del primer día de clases del calendario escolar. El 6 de abril, el gobierno enfrentó su primera huelga general en todo el país.

Tal y como están las cosas, las perspectivas de la Argentina son inciertas. El endeudamiento externo se está convirtiendo en un problema serio – uno que es probable que se intensifique, ya que los incrementos en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos elevan los costos de la reestructuración de las deudas. Las dinámicas macroeconómicas inestables están reproduciendo los mismos desequilibrios anteriores. Por ejemplo, las entradas de capital asociadas con el endeudamiento externo ejercen presión al alza sobre el peso, amenazando a sectores que son importantes para la creación de empleo.

En el período previo a las elecciones legislativas de este año, el gobierno de Macri podría tratar de estimular la actividad económica asumiendo más deuda. Pero una recuperación basada en endeudamiento sería de corta duración y sembraría semillas de problemas de deuda más agudos que se cosecharían en el futuro.

Para escapar de su perversa dinámica de endeudamiento, Argentina debe reducir su déficit fiscal. Sin embargo, sólo puede hacerlo en el contexto de una recuperación sostenible e inclusiva de la actividad económica – y, eso requiere de una economía más competitiva. En las condiciones actuales, tratar de resolver el problema mediante una contracción fiscal simplemente agravaría la recesión.

El gobierno de Macri debería estar trabajando en el desarrollo de una estrategia macroeconómica a largo plazo basada en supuestos creíbles, no polémicos. Sin una corrección sustancial a medio trayecto, Argentina se embarcará en un camino de deuda desestabilizadora que no conduce hacia ningún buen lugar.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

 

Ha-Joon Chang, el economista coreano que ha inspirado al presidente de Ecuador, Rafael Correa

Ha-Joon Chang es una estrella de la economía. La revista Prospect considera a este profesor de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, como uno de los economistas más influyentes del mundo. Y el país donde esa influencia se ha visto traducida a políticas concretas puede sorprender un poco: Ecuador.

Y más concretamente el Ecuador del gobierno de Rafael Correa, quien desde 2007 lo ha mencionado como referente en numerosas ocasiones.

 

¿Hay algo de lo que ha hecho Correa que le haya parecido calcado de su pensamiento?, le pregunta BBC Mundo a Ha-Joon Chang en una visita a Cartagena, Colombia, para el Hay Festival.

“No, no, no”, responde con una risita como avergonzada, el heterodoxo académico, con sus maneras risueñas y afables.

 

“Me ha citado aquí y allí”, explica, “pero no es que haya escrito un manual para el gobierno ecuatoriano” (aunque trabajó con el Ministerio de Producción para revisar su plan industrial).

 

Luego admite que hay una línea que se superpone cabalmente con su forma de ver el desarrollo: “Tiene claro que si uno continúa exportando bienes primarios se llega a un callejón sin salida, con lo cual hay que desarrollar nuevas actividades”.

Estado activo

También hay una coincidencia de pensamiento con las políticas proteccionistas implementadas por Correa, como la imposición de tarifas a la importación.

 

Chang sostiene que los países desarrollados demandan, desde una perspectiva neoliberal, que las economías en desarrollo no implementen ese tipo de barreras, cuando a lo largo de su propia historia económica las naciones hoy ricas sí lo hicieron.

En su más reciente libro, “Economía para el 99% de la población”, Chang señala de forma positiva que Ecuador ha sido uno de los países latinoamericanos que en la última década se había alejado de las políticas neoliberales “que tanto los habían perjudicado”.

Los otros ejemplos más destacados han sido, dice allí, Brasil, Bolivia, Venezuela, Argentina y Uruguay.

 

El académico argumenta que todas las historias de éxito económico han tenido como facilitadoras a un Estado activo, y en ese sentido Correa ha aumentado el gasto social, en educación y la inversión estatal en infraestructura.

 

Este no es el momento para (que Ecuador abandone el dólar), porque la economía está cayendo, hay limitaciones financieras, se debió haber hecho durante la bonanza

Según estadísticas oficiales, su política económica ha obtenido logros como la reducción de las tasas de pobreza, por ejemplo (de 37% en 2007 a poco más de 22% en septiembre de 2015).

 

Pero Correa también ha sido criticado por su manejo del poder. De acuerdo con la oposición, ha concentrado el poder en sus propias manos, ha llenado las cortes con sus aliados y ha reprimido a sus opositores políticos y a los medios de comunicación privados.

¿Dólar sí o no?

En su conversación con BBC Mundo, no obstante, Ha-Joon Chang se concentra en la visión económica y de desarrollo del presidente ecuatoriano.

El hecho de que apruebe en términos generales su enfoque no implica que considere que lo haya hecho todo bien.

 

“Creo que Ecuador ha intentado mucho evitar la dependencia de los commodities, pero todavía un 80% o hasta 90% de sus exportaciones son de petróleo“, señaló.

 

Un falencia importante, según el académico, es que no ha tenido una política tan agresiva para desarrollar su industria.

“Creo que van en la dirección correcta, pero todavía no ha habido una gran transformación”.

Uno de los grandes problemas de Ecuador, que lo deja sin control de su política monetaria es el hecho de que antes de la llegada de Correa al poder la economía fue dolarizada y, aunque el presidente dijo que dejaría de usar la divisa estadounidense, eso no sucedió.

Creo que lo deben abandonar“, indica Chang, “pero debe estar muy bien planificado”.

Y aclara: “Este no es el momento para hacerlo, porque la economía está cayendo, hay limitaciones financieras, se debió haber hecho durante la bonanza”.

Japón y Corea del Sur

Pero, ¿qué es lo que se debió haber hecho?

 

La respuesta es una máxima que aparece en sus publicaciones y que suena, en principio, poco racional: “Lo que uno debe hacer depende en gran medida de lo que uno quiere hacer”.

Desafortunadamente, (las economías latinoamericanas) no se prepararon realmente para el día en que se acabara esa bonanza (de commodities)

Da como ejemplos a Japón (“¿por qué debería ser bueno haciendo autos?”) y a Corea del Sur (“¿por qué debería ser bueno haciendo teléfonos celulares?”).

Simplemente, dice, en cierto momento histórico sus gobiernos y la empresa privada se pusieron de acuerdo en qué sectores querían desarrollar; y luego se dedicaron con ahínco durante 30 a 40 años a hacerlo realidad.

 

“Ecuador puede hacer lo mismo”, sostiene. Hay áreas obvias en las que el país se puede enfocar, según él: farmacéutica y bioingeniería (por la biodiversidad del país), por ejemplo. Pero no descarta que si se lo propone, podría ser líder, por ejemplo, en nanotecnología.

América Latina y el fin de la década de oro negro

En todo caso, Ecuador siguió el camino, en cierto sentido, de varias economías de América Latina, que tuvieron una década de crecimiento económico robusto alimentado por especialmente por la bonanza de las materias primas.

Muchos, además, hicieron cosas positivas para reducir la pobreza y la inequidad, de acuerdo con Chang.

“Desafortunadamente, no se prepararon realmente para el día en que se acabara esa bonanza”, sentencia.

En el futuro inmediato ve problemas para los países de la región, por una serie de factores: un contexto en que la toma de crédito a buenas tasas se volvió más difícil, en que la economía china se desacelera y la turbulencia financiera se incrementa en los mercados globales.

Los gobiernos latinoamericanos deberían haber sido más agresivos, cree, para enfrentar el efecto de la sobrevaluación de sus monedas, lo que volvió poco competitivas y destruyó parte de sus industrias manufactureras.

Ahora se han empezado a corregir esas valuaciones, pero el efecto positivo en las exportaciones demorará en llegar, advierte.

El caso de Venezuela

El país de América Latina que probablemente peor ha capeado el temporal de los vaivenes del petróleo ha sido Venezuela.

Chang le cuenta a BBC Mundo que hace unos diez años visitó el país, en la época de buen ingreso petrolero, y tuvo una reunión con todo el gabinete, junto a otros académicos.

Según relata, intentó señalar que era buena idea que durante la bonanza invirtieran en sus industrias futuras y les advirtió que el precio del petróleo no se mantendría alto por siempre.

“Pero, a excepción del ministro de Planeación, a nadie le interesaron mis argumentos“, dice con resignación.

 

Ahora, hagan lo que hagan, dice, los frutos se verán tal vez en diez años.

Es que para él no existen las soluciones rápidas para ninguna economía.

Todos los casos de desarrollo exitoso han realizado inversiones a lo largo de varias décadas.

Más crisis

De acuerdo con el análisis de Chang, el contexto global futuro no es promisorio.

 

“En los últimos tres decenios de hiperglobalización, el crecimiento económico se ha ralentizado, la desigualdad ha aumentado y las crisis financieras se han vuelto mucho más frecuentes en la mayoría de los países”, escribió en “Economía para el 99% de la población”.

 

Él argumenta que desde mediados de los años 70 se registró una creciente frecuencia en las crisis financieras, algo que entre 1945 y esa década no se había registrado.

En su último libro menciona algunas: la de 1990 en los países escandinavos; la crisis mexicana de 1994 y 95; la asiática de 1997; la brasileña del 99, la argentina de 2001-2002; y, por supuesto, la gran crisis financiera de 2008.

 

La causa, para Chang, ha sido la cada vez más grande complejidad del sector financiero, en el que se transan instrumentos de muy alto riesgo.

“Mucha gente tenía la esperanza de que la crisis de 2008 trajera nuevas regulaciones para limitar la excesiva complejidad del sector financiero”, dice a BBC Mundo.

 

Pero aunque hubo alguna regulación adicional, la situación fundamental no ha cambiado, porque, agrega, el sector financiero es demasiado poderoso.

 

Chang cree que habrá otra crisis, de la que identificó algunas potenciales causas emergentes: las burbujas en los mercados bursátiles estadounidense, chino y japonés y la del mercado inmobiliario en Reino Unido.

“Desafortunadamente, hemos sorteado la última recesión creando otra serie de burbujas”, añade, “y creo que pagaremos el precio“.

 

Dolarización con nervios Por: Vicente Albornoz Guarderas

Una dolarización que, para sobrevivir, necesita restringir la libertad económica de los ciudadanos, no es el sistema ideal. Porque si necesita trabas, limitaciones, topes, cuotas u otras cosas, es porque no genera la suficiente confianza. Y esa escasez de confianza lleva al gobierno a limitar la capacidad de sus ciudadanos de tomar decisiones libres en lo económico. Una dolarización que grava la simple salida de dólares al extranjero, refleja la desconfianza del gobierno en sus ciudadanos. Refleja que tiene miedo que puedan sacar plata del país porque no confían en ese gobierno. Pero ¿por qué sacan los ciudadanos sus dólares al extranjero? ¿Será que no confían en la dolarización porque el Banco Central le ha prestado USD 5 800 millones al gobierno en los últimos 3 años o será que no confían en el Banco Central porque hace un mes aceptó una “dación de pago” de USD 2 100 millones con unas acciones que no tienen ningún valor de mercado? ¿Será que por esas y por razones similares la gente quiere sacar sus dólares al extranjero para así cuidar sus ahorros o será que los ciudadanos son malvados y quieren minar el sistema monetario? Aquí hay que preguntarse qué fue primero: el mal manejo o los ciudadanos que sacan divisas. En otro ejemplo, la necesidad de complicar fuertemente la concesión de créditos para la compra de vehículos refleja que el gobierno tiene miedo que los consumidores (en uso de esa despreciada libertad), vayan a comprar autos y lo que paguen por esos autos salga del país. Y cuando salen los dólares del país, la economía pierde un poco de moneda y eso puede acarrear otros problemas. Pero nadie compra autos por malvado. Casi toda la gente lo hace por una mezcla de necesidad, falta de otras opciones de inversión o miedo a más restricciones futuras. Y, sobre todo, si el gasto público no fuera tan alto, tampoco habría tanta demanda por vehículos. Pero todo esto ha creado un cierto nerviosismo sobre la capacidad de sobrevivencia de la dolarización, un nerviosismo que no es ideal (y que encima se busca frenar con regulaciones como el impuesto a la salida de divisas), porque una economía nerviosa invierte poco. Lo ideal sería devolverle la tranquilidad a la economía, recuperando la confianza en la dolarización, recuperado las buenas normas de la vieja Ley trole que prohibían financiar al gobierno desde el Banco Central y reviviendo las normas que creaban ahorros. Una dolarización con nervios es una mala dolarización, es un sistema que da estabilidad, pero no produce crecimiento; no es una herramienta para el progreso, sino un lastre para la economía. Y los nervios no se curan con prohibiciones, sino con políticas sensatas y con reservas adecuadamente respaldadas.

 

 

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:http://www.elcomercio.com/opinion/columna-vicentealbornoz-dolarizacion-nervios-opinion.html.

150% de garantía al comprar vehículos

Comprarse un auto es más difícil desde el 28 de abril pasado por el nivel de garantías bancarias que se deben presentar. Es que con dos resoluciones de la Junta de Regulación de la Política Monetaria y Financiera, firmadas por el exministro de la Política Económica, Diego Martínez, se obliga al cliente y a las empresas importadoras a presentar garantías equivalentes al 150% del crédito para vehículos. Además los bancos deben incrementar su patrimonio técnico si hacen préstamos para vehículos.

Así lo mencionó ayer Genaro Baldeón, presidente de la Asociación de Empresas Automotrices del Ecuador (Aeade). El representante gremial explicó que las resoluciones 357-2017 F y 358-2017 F no fueron conocidas sino hasta el 15 de mayo, pero que según el texto de dichas medidas su vigencia era desde el 28.

Para Baldeón este hecho la hace inconstitucional. Él ve tres afectados: las entidades financieras que deben prácticamente duplicar su patrimonio, dice. También se afecta la empresa comercializadora que deberá presentar 150% de garantías para obtener créditos.

Finalmente, el 70% de los consumidores que compran vehículos de gama más económica serán los más afectados. Para Baldeón, las medidas no son técnicas, y posiblemente buscan restringir el mercado automotor, luego de que fueron eliminados los cupos. (I)

 

Trump frena la llegada de al menos US$4.400M en inversiones a México Por: Ramón Dávila Flores

El arribo de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos ha provocado la cancelación o freno de inversiones por al menos US$4.400 millones en nueve entidades del país.

Desde que Trump fue declarado ganador por los comicios del pasado 8 de noviembre, empresas reconsideraron sus planes de inversión, lo que ha provocado que en San Luis Potosí, Baja California, Chihuahua, Tamaulipas, Durango, Quintana Roo, Coahuila, Jalisco y Nuevo León se hayan cancelado o frenado inversiones.

Los casos más graves son San Luis Potosí, donde en enero pasado la automotriz Ford anunció la cancelación de una planta, donde se tenía previsto invertir US$1.600 millones y crear 2 mil empleos directos y 10 mil indirectos en cinco años.

Otro caso es Tamaulipas, donde el secretario de Desarrollo Económico en el estado, Carlos Talancón Ostos, expresó hace unos días que “con la incertidumbre que tenemos con Trump estamos viendo que hay algunos proyectos que han puesto una pausa”.

Aunque no especificó cuáles son esos proyectos pausados, reveló que se tienen contemplados en ese rubro al menos 22 inversiones que superan más de mil 500 millones de dólares.

Por otra parte, el sector empresarial de Baja California dijo ayer que la renegociación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) mantiene paralizada al menos 40% de la inversión estadunidense en la entidad  (alrededor de mil millones de dólares) que tenía planes de expansión para este 2017 en la franja fronteriza.

Se estima que la incertidumbre le pega a un sector que opera mil 79 plantas ensambladoras en Baja California y que genera 352 mil 167 empleos.

Así, mientras el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) Tijuana, Marcello Hinojosa, estima que hay inversiones que están “congeladas”, el regidor Manuel Rodríguez Monárrez precisa que no se concretaron al menos 300 planes de expansión de algunas firmas extranjeras.

“El efecto inmediato va a ser que mucha de la inversión extranjera que estaba programada para instalarse en Tijuana se ha frenado, se puso en suspenso”, dijo el representante industrial, quien agregó que tan sólo en Tijuana el sector maquilador emplea a unas 217 mil 995 personas.

Por su parte, Rodríguez Monárrez indicó que en este 2017 se ha estimado una inversión extranjera de US$2.600 millones.

Por ahora, indican las voces del sector empresarial, la postura del presidente estadunidense en el caso de las inversiones extranjeras que operan en Baja California, donde fracasó su intento por construir las célebres Torres Trump, mantiene en suspenso la llegada de nuevos proyectos.

Ramón Dávila Flores, secretario de Desarrollo Económico de Durango, aseveró que con la llegada del republicano a la Presidencia de Estados Unidos se frenó la llegada de al menos tres empresas de los ramos autopartes, industria textil y aeronáutica, con una pérdida de al menos tres mil empleos y un freno a la inversión de entre US$150 millones y US$200 millones.

En Jalisco, la empresa Aisin Seik, una de las principales fabricantes de autopartes para Toyota, dijo al diario The Wall Street Journal que podría cancelar su nueva planta si la automotriz japonesa cede a presiones de Trump, lo que significaría que dejaría de invertir 45 millones.

Por su parte, Armando Cabada, presidente municipal de Ciudad Juárez, Chihuahua, manifestó que dos empresas maquiladoras pausaron inversiones por US$82 millones ante la incertidumbre que les trajo el arribo de Trump a la Presidencia de Estados Unidos.

En Coahuila se tenía previsto la llegada de inversiones por parte de Fiat Chrysler. pero hace unos días la empresa informó que las inversiones estarían destinadas a Michigan y Ohio, donde se comenzarían a fabricar vehículos que ahora se fabrican en Saltillo, como la pick up Ram.

José Antonio Murra, director de la empresa Tecmur, dedicada a la fabricación de autopartes en Torreón, aseveró que en enero se dio a la tarea de visitar a sus clientes en Estados Unidos y le dijeron que se mantienen los pedidos, pero las nuevas inversiones están detenidas hasta que se definan los nuevos parámetros que dejará la renegociación del TLCAN.

La empresa de aires acondicionados Carrier informó en noviembre pasado que frenaba la ampliación de su planta en Nuevo León, luego de ser presionada por  Trump.

En Cancún, Quintana Roo, Javier Zubirán Padilla, secretario municipal de Ecología, dijo que la llegada del estadunidense a la Presidencia ha  puesto en suspenso diez proyectos inmobiliarios en el polo turístico.

El titular de la Secretaría de Economía, Ildefonso Guajardo, dijo la semana pasada que la IED tendrá  US$5 mil millones menos en 2017.

 

El peligroso neoproteccionismo de los Estados Unidos Por: Kaushik Basu

NUEVA YORK – El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, está a punto de adoptar una política errónea, que perjudicará (sobre todo en el corto plazo) a países de África subsahariana, América latina y Asia, especialmente economías emergentes como China y Sri Lanka (que mantienen grandes superávits comerciales con Estados Unidos), así como India y Filipinas (importantes fuentes de mano de obra subcontratada). Pero el principal afectado será Estados Unidos.

La política de marras es un extraño proteccionismo neoliberal (llamémoslo “neoproteccionismo”). Por un lado, intenta “salvar” puestos de trabajo locales apelando a imponer aranceles a los bienes extranjeros, influir sobre los tipos de cambio, restringir el ingreso de trabajadores extranjeros y crear desincentivos contra la subcontratación laboral. Por el otro lado, implica una desregulación financiera neoliberal. No es lo que hoy necesita la clase trabajadora estadounidense.

 

Los trabajadores estadounidenses se enfrentan a problemas serios. A pesar del bajo índice de desempleo del 4,8% que hoy exhibe Estados Unidos, mucha gente sólo trabaja a jornada parcial, y la tasa de participación en la fuerza laboral (la proporción de la población en edad de trabajar que tiene empleo o lo está buscando) cayó de 67,3% en 2000 a 62,7% en enero de este año. Además, el salario real está prácticamente estancado hace décadas; el ingreso real medio de los hogares hoy es el mismo que en 1998. El ingreso del 20% de hogares más pobres incluso se redujo ligeramente entre 1973 y 2014, mientras el del 5% de hogares más ricos se duplicaba.

Un factor detrás de este fenómeno es la pérdida de empleos fabriles. Un buen ejemplo lo da Greenville (Carolina del Sur). La ciudad, otrora denominada Capital Textil del Mundo y que en 1990 tenía 48 000 personas empleadas en la industria, hoy sólo tiene 6000 trabajadores textiles.

Pero las fuerzas económicas que impulsan estas tendencias son mucho más complejas que lo que sugiere el discurso popular. El principal desafío al que se enfrentan hoy los trabajadores no es el libre comercio o la inmigración, aunque ambos tienen su parte, sino la innovación tecnológica y, en particular, la robótica y la inteligencia artificial, que aumentaron considerablemente la productividad. De 1948 a 1994, el nivel de empleo en el sector fabril se redujo un 50%, pero la producción aumentó un 190%.

Según un estudio realizado en la Ball State University, si entre 2000 y 2010 la productividad se hubiera mantenido constante, Estados Unidos hubiera necesitado 20,9 millones de trabajadores fabriles para mantener el ritmo de producción que tenía al final de esa década. Pero el crecimiento de la productividad gracias a la tecnología llevó a que Estados Unidos sólo necesitara 12,1 millones de trabajadores. Es decir, en ese período se perdió un 42% del empleo fabril.

Si bien algunas formas de protección puntual pueden ayudar a los trabajadores estadounidenses, el neoproteccionismo no es la respuesta. Y no sólo por ineficaz, sino porque traerá un perjuicio considerable.

La verdad lisa y llana es que una combinación de factores, que incluye desde corredores marítimos eficientes y seguros hasta la tecnología digital e Internet, permite a los productores de todo el mundo disponer de una enorme fuente de mano de obra barata. Que Estados Unidos intente evitar que las empresas locales aprovechen ese recurso no cambiará la realidad ni impedirá a empresas de otros países seguir haciéndolo; sólo logrará que los productores estadounidenses se vuelvan menos competitivos respecto de, por ejemplo, Alemania, Francia, Japón y Corea del Sur. Al mismo tiempo, la desregulación del sector financiero agravará la desigualdad económica dentro de Estados Unidos.

Para hallar una solución efectiva a los problemas de los trabajadores estadounidenses hay que entender sus raíces. Cada vez que una nueva tecnología permite a una empresa usar menos mano de obra, una parte del total de salarios se convierte en ganancias empresariales. Pero se necesitan más salarios para los trabajadores; si no los pagarán los empleadores, tendrán que salir de otro lado.

Ya es hora de pensar en implementar alguna modalidad de ingreso básico universal y participación en las ganancias. Finlandia ya hizo algunos experimentos, y de los países emergentes, India presentó un esquema completo en su último informe de situación económica.

En esta misma línea, se necesita mucha más progresividad del sistema impositivo, ya que como está, deja a los ultrarricos estadounidenses demasiadas lagunas de que aprovecharse. También es esencial invertir en nuevas formas de educación que permitan a los trabajadores asumir tareas más creativas no realizables por robots.

Algunas figuras de la izquierda estadounidense (por ejemplo, el senador Bernie Sanders) han propuesto políticas como estas. Entienden que el conflicto es entre el trabajo y el capital, mientras los neoproteccionistas insisten en que es un problema de competencia entre la mano de obra estadounidense y la extranjera. Los segundos llevan la delantera y ahora amenazan con implementar una agenda que cortará las alas de los productores estadounidenses y a la larga debilitará la posición de Estados Unidos en la economía global.

Cuando Greenville vio que la ventaja competitiva de su sector fabril comenzaba a diluirse, pudo apelar a crear incentivos artificiales para proteger a las empresas; en vez de eso, creó incentivos para que empresas de otros tipos se radicaran en la ciudad. Esta diversificación dio nuevos bríos a la economía local, incluso aunque perdiera la mayor parte de sus empleos en el sector textil.

Así hay que pensar hoy en Estados Unidos. Si en el pasado los presidentes estadounidenses hubieran aplicado las políticas neoproteccionistas que hoy se proponen, para evitar el traslado de empleos poco cualificados a países en desarrollo, tal vez hoy la economía estadounidense tendría un sector fabril más grande con uso intensivo de mano de obra. Pero también se parecería mucho más a una economía en desarrollo.

Traducción: Esteban Flamini

 

Tomado de:    https://www.project-syndicate.org/commentary/trump-protectionism-no-help-for-workers-by-kaushik-basu-2017-02/spanish

De análisis económico a crecimiento inclusivo Por: Kemal Dervis Karim Foda

WASHINGTON, DC – La mayoría de las economías están en busca de una receta para un crecimiento económico inclusivo, en la que se implementen tasas altas de inversión, innovación rápida y fuertes alzas del PIB junto con medidas para reducir la desigualdad de ingresos. Los conservadores insisten en que el crecimiento requiere de impuestos bajos y de incentivos como mercados laborales flexibles para estimular la iniciativa empresarial. Pero para reducir la desigualdad hacen falta niveles más altos de gasto gubernamental y tributación (excepto cuando el gobierno busca un gasto deficitario para estimular una economía deprimida).

Se suele invocar el modelo económico escandinavo para achicar esta brecha. El sistema de “flexiguridad” danés, en particular, históricamente ha ofrecido un desempeño económico sólido junto con una desigualdad baja. Economistas prominentes como Philippe Aghion han publicado excelentes análisis de cómo este modelo podría equilibrar crecimiento, igualdad y satisfacción general de los ciudadanos en otras partes del mundo.

 

Estos economistas sostienen que los mercados laborales con pocas restricciones en cuanto a contratación y despido, impuestos bajos a la iniciativa empresarial e incentivos generosos para la innovación son compatibles con una distribución de ingresos relativamente equitativa, un alto gasto social por parte del gobierno y políticas sociales igualadoras como la educación gratuita universal.

Este modelo ha sustentado un debate en curso en Europa, que hoy es relevante en Estados Unidos, porque la nueva administración de Donald Trump ha prometido ayudar a los “perdedores” de la globalización mejorando al mismo tiempo la innovación y el crecimiento. Pero en Estados Unidos es mucho más difícil, desde un punto de vista político, ofrecer razones a favor de un gasto público generoso en educación, atención médica y seguridad financiera para los jubilados, porque hacerlo siempre plantea el espectro de impuestos altos.

Un modelo de crecimiento inclusivo parecería tener que cuadrar el círculo en materia de políticas. Tendría que aumentar sustancialmente el gasto público, especialmente en educación, beneficios de desempleo, capacitación y salud.

Resulta útil analizar los números de los ejemplos danés y sueco a los que se hace referencia con tanta frecuencia. En términos generales, esos países tienen excelentes indicadores económicos. Si bien el crecimiento del PIB no es mayor que en Estados Unidos, la mayoría de la gente comparte un nivel de vida alto, mientras que las encuestas demuestran que los escandinavos (especialmente los daneses) están entre las personas más felices del mundo. Pero, como demuestra el siguiente cuadro, esos países también tienen uno de los gastos gubernamentales y ratios tributación-PIB más altos de la OCDE.

 

 

Si Estados Unidos, hipotéticamente, adoptara la política de educación gratuita universal de Dinamarca, pero mantuviera su ratio impuestos-PIB sin modificar, su déficit fiscal superaría el 6% del PIB. Estados Unidos ha experimentado déficits tan altos sólo durante la Segunda Guerra Mundial y la Gran Recesión de 2008-2009, cuando se implementó un gigantesco paquete de estímulo para impulsar la economía. De modo que el solo hecho de ofrecer educación gratuita universal en Estados Unidos haría subir el déficit del país al nivel más alto que se haya registrado en tiempos normales.

En el contexto de esta comparación, parecería que el círculo no se puede cuadrar sin un importante giro macroeconómico. Los países escandinavos son más pequeños y pueden recaudar ingresos y administrar los servicios públicos de manera más eficiente. Pero, aun si Estados Unidos se acercara a esta eficiencia -una tarea difícil en un país tan grande y diverso-, la solidaridad social seguiría exigiendo impuestos efectivos altos, como en Dinamarca y Suecia.

Otro componente crucial del modelo escandinavo es la flexibilidad del mercado laboral. En el índice de “Legislación de Protección del Empleo” de la OCDE, Estados Unidos arroja un resultado de 1,2 en una escala de 0 a 5, donde cero indica flexibilidad plena. Por su parte, el resultado para Francia y Alemania es 2,8, para Italia 2,9 y para Dinamarca y Suecia 2,3 y 2,5 respectivamente. Esto demuestra que, aunque los mercados laborales escandinavos son más flexibles que en otras partes de Europa continental, el mercado laboral estadounidense es mucho más flexible -y ofrece menos seguridad- que cualquiera de ellos.

Este amplio cálculo estático sugiere que deberíamos proceder con cautela a la hora de aplicar las lecciones del modelo escandinavo a países grandes como Estados Unidos. De modo que, para evaluar el impacto a largo plazo que un modelo puede tener en el bienestar de los ciudadanos, necesitaríamos un análisis más dinámico en el curso de por lo menos diez años. Recién ahí podríamos medir hasta dónde la inversión y la innovación responderían a los incentivos, cuánto costaría la educación universal gratuita en el mediano plazo o cómo incidirían las estructuras demográficas en las diferentes políticas sociales.

 

El análisis económico por sí solo no puede dirimir el debate político entre derecha e izquierda. Lo que puede hacer es ayudar a acotar y focalizar ese debate. La clave es que los participantes en ambos lados sean más explícitos respecto de los valores y objetivos que, a su entender, debería procurar la sociedad, y cuantifiquen sus presunciones sobre cómo un desempeño dinámico responderá a incentivos particulares. Recién ahí una democracia puede elegir de manera efectiva cuál sendero seguir.

Un buen análisis económico puede permitir que los “populistas constructivos” debatan con los “populistas post-factuales e ilusorios” que parecen estar en aumento, con un discurso alternativo realista -que sea transparente y esté basado en expectativas creíbles de las políticas y los resultados económicos-. En otras palabras, el análisis económico puede facilitar las buenas decisiones; no puede tomarlas.

El problema es el gasto público Por: Vicente Albornoz Guarderas

La causa de los problemas de la economía ecuatoriana es el excesivo gasto público. Excesivo frente al tamaño de la economía y excesivo frente a los ingresos del gobierno. Quienes argumentan que el problema es “externo” están confundiendo los efectos con la causa. El gasto es alto en relación a los ingresos. Por eso hay un déficit descomunal, de más de USD 8 000 millones anuales y por eso han tenido que endeudarse en todo lado y en enormes cantidades. Por eso fue la emisión de bonos de USD 2000 millones del martes, pero también por eso es que le han obligado al Banco Central a que le preste al gobierno más de USD 5 800 millones y por eso hicieron maromas para pagar una parte de esas deudas con una “dación en pago” totalmente inconveniente, hecha en la última semana del gobierno anterior. Todas estas operaciones debilitan el balance del Banco Central y eso debilita el respaldo del dinero ahí depositado y eso vuelve más vulnerable a la dolarización. Lo mismo se puede decir del tan impopular dinero electrónico, creado para tratar de suplir la falta de plata del gobierno. Todo por culpa de un gasto público demasiado alto. Tenemos una economía cara, donde es costoso producir. Eso es el resultado de los altos impuestos (para financiar ese gasto excesivo) y también es el resultado de un gobierno que durante años gastó tanto que infló la demanda en el país y cuando la demanda crece, los precios suben. Las mayores inflaciones desde que estamos dolarizados fueron en 2008, 2011 y 2015. Las dos primeras coinciden con los mayores disparos del gasto público y la tercera con la introducción de las salvaguardias. Y todo por mucho gasto. Las importaciones han crecido en los últimos meses y eso podría producir un déficit comercial, que a su vez podría generar un inconveniente drenaje de divisas. Pero ese crecimiento de las importaciones tiene una causa: el aumento del gasto público que infla la demanda (y también la demanda de bienes importados). Por cierto, esa reciente recuperación del gasto se dio desde agosto 2016, coincidió con la proximidad de las elecciones y llegó a su récord histórico en marzo 2017, dos días antes de la segunda vuelta. Y el gasto es excesivo en relación al tamaño de la economía, con lo que está desplazando al sector privado, se le está dejando sin oxígeno y, para justificar tanta burocracia, se le está cargando a los privados con demasiadas regulaciones. Todo por una visión ideológica que favorece un inmenso Estado, sin importar cuan caro sea. El Ecuador también tiene problemas estructurales en su economía (educación, productividad, innovación), pero todos palidecen frente a aquellos causados por el excesivo gasto público. Decir que el problema es “lo externo” o “la dolarización” es echarles a otros nuestras culpas.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:http://www.elcomercio.com/opinion/elproblemaeselgastopublico-opinion-columna-columnista-vicentealbornozguarderas.html.

El dilema de Apple: ¿qué hacer con tanto dinero acumulado? Agencia AFP

Es una señal del éxito pero también un problema: Apple acumuló la sorprendente cifra de USD 256 800 millones y ahora se pregunta qué hacer con tanto dinero. El informe trimestral que Apple publicó el pasado martes 2 de mayo de 2017 muestran que su tenencia de efectivo -la gran mayoría en el extranjero- saltó a una suma que supera la producción de Chile, según los últimos datos disponibles del Banco Mundial. El gigante de la tecnología se ha resistido a repatriar ganancias porque el fisco estadounidense las grava con impuestos de hasta 35%. Las propuestas del presidente Donald Trump y legisladores podrían reducir la tasa impositiva de los ingresos repatriados; un incentivo dirigido a que Apple y otras compañías pongan su dinero a trabajar en Estados Unidos. Mientras que cualquier empresa estaría encantada de estar en los zapatos de Apple con su tesoro en efectivo, “hay algo no muy saludable al respecto”, dijo Roger Kay, analista de Endpoint Technologies Associates. “Normalmente, esperarías efectivo para financiar oportunidades de inversión, pero obviamente Apple no tiene ningún uso para tanto dinero”, afirmó. Apple se ha convertido en la empresa más valiosa y rentable de la actualidad. Pero tiene desafíos únicos porque sus ganancias provienen principalmente del iPhone, que enfrenta una competencia cada vez más dura en un mercado de teléfonos inteligentes saturado. Estrategia de largo plazo Apple es presionada periódicamente a devolver más dinero a los accionistas con mayores dividendos y a recomprar más acciones. Ya ha gastado unos USD 200 000 millones haciendo eso. Patrick Moorhead, de Moor Insights & Strategy, argumentó que devolver todo el dinero a los accionistas “no ayuda a los intereses estratégicos de nadie” y que Apple necesita encontrar formas de diversificar su negocio. Una forma de hacerlo sería “tornarse vertical”, o adquirir un fabricante de chips como AMD para suministrarlos a todos los dispositivos de Apple, dijo Moorhead. Netflix, dijo, podría complementar el negocio de Apple al ofrecer contenido para su ecosistema de dispositivos. Moorhead dijo que si Apple, que tiene un permiso para testear su sistema de vehículos autónomos, es serio acerca de ese mercado “tendría que comprar una compañía de automóviles” como Tesla. Bob O’Donnell, de Technalysis Research, dijo que Apple tiene una cantidad asombrosa de efectivo con el que “reescribir industrias por completo”. “El desafío es cultural y organizativo, ¿cómo integrar algo tan grande?”, dijo O’Donnell. La adivinanza impositiva La situación de Apple ha puesto de relieve las crecientes existencias de efectivo en el extranjero de multinacionales estadounidenses, estimadas entre USD 2,5 y 3 billones. Lisa De Simone, profesora de la Universidad de Stanford que se especializa en impuestos internacionales, dijo que el código actual crea “incentivos para que las empresas lleven tantas ganancias como puedan al extranjero”. Pero agregó que una “vacación” temporal de impuestos, como Washington intentó en 2004, sólo aumentaría los incentivos. “Compañías como Apple sólo han aumentado el envío de sus ingresos con la expectativa de que podrían obtener otra ‘vacación’ más adelante”, dijo. El profesor de finanzas de la Universidad de Georgetown, Lee Pinkowitz, dijo que las compañías con efectivo en el extranjero están esencialmente reteniendo los fondos como rehenes de los políticos estadounidenses. “El gobierno ya reveló en 2004 que estaban dispuestos a negociar con los secuestradores”, dijo.  Lo que se puede esperar es que se tomen más rehenes”, añadió. El gobierno de Trump está tratando de alentar a las empresas a traer esos ingresos a casa para invertir y crear empleo en los Estados Unidos. Pero Pinkowitz dijo que un mayor estímulo para repatriar activos es improbable. ¿Hecho en EEUU? ¿Podría Apple usar parte del dinero para volver a fabricar a gran escala a Estados Unidos? Jan Dawson de Jackdaw Research dijo que esto es improbable debido al proceso de fabricación y suministro de Apple. “Simplemente no tenemos la fuerza de trabajo para mantener esta escala de fabricación”, dijo. “Ningún recorte tributario va a compensar eso por completo”. Pero Kay afirmó que ve potencial de Apple para traer las fábricas a casa si las condiciones son correctas. La firma de la manzana anunció el miércoles que creará un fondo de inversiones de USD 1 000 millones para favorecer la creación de puestos de trabajo en la industria de punta en Estados Unidos. “Crearemos un fondo consagrado a la industria de punta, en la que aportaremos USD 1 000 millones en un primer momento”, declaró Tim Cook, PDG d’Apple, durante una entrevista con la cadena financiera CNBC. La suma representa una miga de pan de los más de USD 250 000 millones en liquidez detentados por Apple, que esta semana anunció resultados en alza, aunque inferiores a las previsiones. Pero la repatriación de esos activos le costaría muy caro, teniendo en cuenta la legislación fiscal en vigor, aunque Trump presentó recientemente una reforma destinada a reducir considerablemente los impuestos a las empresas.

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